El paseo del horror

Alicia Fernández LA CRIBA

BARBANZA

Hace ya algún tiempo que deseaba tocar este asunto porque mis pupilas sufren la agresión con cierta asiduidad. Conste que en este caso la nocturnidad amortigua el alevoso golpe. Me refiero a la cara que ofrece la ciudad de Ribeira al mar en el primer tramo del paseo marítimo. Bien se podría incluir en el libro de récords a la mayor concentración de adefesios urbanísticos por metro cuadrado. 

Ya el apeadero de autobuses se las trae, le sigue el búnker de la residencia de mayores y finaliza con la eclosión de dos expresiones del cutre-art arquitectónico: la Agencia Tributaria -es como si quisieran acongojar al sufrido pagador de impuestos- y la Delegación da Consellería do Mar (supongo que este atentado se debió al escaso interés e importancia que para ciertos políticos tenía el sector marítimo para la ciudad y comarca).

El conjunto se me antoja pavoroso y choca especialmente en un paseo marítimo que ha quedado aceptable. Por extensión creo que es el tramo de fachada al mar más antiestético, por donde también llegan y, sobre todo, pasean visitantes. Una se pregunta si no hay propuestas o proyectos para arreglar este estropicio. Si no hay ideas o planteamientos que ubiquen de mejor forma esos servicios. 

Si Costas, que ejerce de malo de la película, implacable recaudador y estorbo a tiempo completo, no tiene nada que decir sobre este particular. Que me supongo que no, que estos van ciegos a lo suyo, a mojar el churro en cuanta taza ven y a tirar líneas desde el despacho sin entrar en cuestiones estéticas. En muchos casos, tampoco éticas.