El día cinco de enero, anterior a la festividad de Reyes, cuando pasaba algo de las doce y media de la mañana, por la necesidad de realizar una transferencia que surgió de forma imprevista y urgente, me dirigí a la oficina de una sucursal bancaria con la que trabajo habitualmente y cuál fue mi sorpresa al encontrarme la puerta cerrada. Un cartel informaba a los «señores clientes» -¡qué peligro!- que el horario de ese día remataba a las doce treinta. Según me informaron otros clientes cabreados también sucedió el día de Nochebuena y el de Nochevieja.
Una se pregunta cómo pueden alterar los horarios de atención al público de forma unilateral y sin que haya alternativa, al tratarse de un negocio tutelado y cerrado. Que ya tiene mucho mérito que no abran por las tardes. Debe ser que el mundo, para ciertos sectores e instituciones, funciona de una forma paralela al de mayoría de ciudadanos, disfrutando de unos privilegios impensables para estos. Otro ejemplo, cuando a los demás mortales nos hablan de la necesidad de trabajar hasta los 70 años la banca sigue incentivando un sistema de prejubilaciones al que pueden acogerse algunos trabajadores con cincuenta y pocos años.
Que este país está para pastoreo de las grandes compañías, que manejan y luego recompensan a los políticos sin vergüenza alguna, también lo pueden ustedes comprobar viendo el precio del petróleo en mínimos históricos y que sigamos pagando gasolina y gasoil a precios altos. El Estado (la mitad son impuestos) y el oligopolio no repercuten las bajadas. Así paga las deudas el primero y se enriquecen más los segundos.