Los Reyes Magos, al día

Juan Ordóñez Buela DESDE FUERA

BARBANZA

La tradición de los Reyes Magos es, como fiesta, una de las invenciones de mayores éxito de la religión en el ámbito católico. Nada de la tradición es seguro. No hay ninguna certeza de que los reyes que fueron a adorar a Jesús fueran efectivamente reyes, ni que fueran magos, ni que fueran tres, ni que se llamaran Melchor, Gaspar y Baltasar. Pero lo que dicen los investigadores tiene una fuerza relativamente escasa sobre algo que ha sobrevivido en una forma admitida por tanta gente.

Hay fantasías que está bien que duren. Son fuertes mientras se basan en la invisibilidad del prodigio. Los Reyes pasan por las casas sin ser vistos, e incluso entran aunque puertas y ventanas estén cerradas. La creencia tuvo que defenderse del realismo. Los grandes establecimientos comerciales empezaron a presentar un Reyes Magos de carne y hueso que hablaban gallego y castellano y que, milagrosamente, estaban presentes en varios lugares a la vez. ¿Por qué no podían multiplicarse si son magos? La gente más sensata decidió explicar a los niños que esos personajes no son los Reyes, sino sus pajes.

Otra prueba de aptitud de Sus Majestades es la capacidad de leer en pocos días tantos miles de cartas. Eso tiene que cambiar: los niños ya chatean y envían correos. ¿Es que los Reyes no tienen ordenador? Estoy convencido de que el próximo año ya no será necesario hacer cola ante un establecimiento para entregar la carta de peticiones. Sé que ahora tocaría recordar a los otros niños, los que no tienen regalos, pero no sé qué decir. ¿Quién tiene palabras para explicar el dolor de un niño sin infancia?.