Caen las páginas de la partitura pero no cambia el estribillo. Lo bueno del asunto es que siempre hay alguien dispuesto a asegurar que las cosas se hacen bien y por tanto no hay problema. Pero la realidad, inmune al tiempo y a la mentira, se obceca en decir lo contrario. Por ejemplo, estas páginas han vuelto a hacerse eco esta semana de un grave problema en las rías llamado furtivismo. Pero claro, para una profana en la materia, que es el caso, habría que definir que se considera como tal: aquél o aquella que, ajeno o ajena a una actividad, por necesidad o avaricia, accede a ella sin estar por tanto regularizado; o bien, quien sí estando autorizado a ejercer esa actividad lo hace al margen de las normas que la rigen. Y ya puestos, si aquellos que deben vigilar la actividad miran al cielo y silban.
Otra cuestión. Viajando ayer por la autopista AP9 y también por la AG11, autovía del Barbanza, no dejaba de reírme ante los letreros que me informaban que había: «control de alcohol y drogas», «control de velocidad», «control de pasajeros y acompañantes» y, cágate lorito, «control integral de alcohol, drogas, velocidad e ITV». La DGT, en nombre de nuestro bien, ha llegado a un punto de sobre campañas que ya mezcla los medicamentos. Debemos estar todos fulminados con la crisis para pasar por alto que nuestro Estado, presuntamente democrático, incentiva económicamente a sus fuerzas de seguridad para que multen a sus ciudadanos. Con dos bemoles y más cara que un saco de sellos. Por tanto, solo desearles que sobrevivan al nuevo año que comienza y a los fantasmas de siempre.