«Arte es lo que provoca sentimientos»

antón parada / m.x.b. RIBEIRA / LA VOZ

BARBANZA

La pintora arrastra toda una vida dedicada plenamente al estudio y al cultivo de este ámbito cultural

29 ago 2015 . Actualizado a las 12:32 h.

«Mi padre es pintor. ?¿Pinta casas?? No, es artista». Este diálogo tuvo lugar en la década de los sesenta entre dos sorprendidas niñas. La dueña de esa respuesta no sabría hasta crecer, lo distinta que sería su vida siempre de los demás. Mientras sus amigas comentaban el nuevo estreno de Disney, ella hablaba de los últimos museos que había visitado.

Mónica Ayaso Rivas nació en Nueva Jersey, pero los primeros cinco años de su vida los pasó en Ribeira, entre los huertos de Martín y la arena de la playa de O Touro. El entorno ha podido cambiar, pero no el refugio del pasado que constituye hoy su rincón. «Me siento en unión con el universo», la pintora se siente viva dentro del agua fría, el mismo elemento que sirvió de frontera entre sus dos hogares.

A miles de kilómetros de la tierra donde había nacido su padre, en un barrio emigrante de Estados Unidos, Mónica Ayaso reconocía el olor de su casa al percibir el aroma del óleo. «Yo no tenía Barbies, tenía lápiz y papel», explicó la que fue criada en un ambiente libre «donde jamás se escondió el amor». Y donde soñaba con ilustrar libros infantiles y ser psicóloga para niños, mientras trabajaba para costearse el viaje de cada verano a Galicia.

El color del mérito

Consciente de los valores norteamericanos sobre el trabajo y la meritocracia, no solo se esforzaba en los distintos empleos después del instituto, sino que estudió duro para sacar las mejores notas que le brindaron el acceso a todas las universidades a las que solicitó entrar, entre ellas Harvard: «Solo quería demostrar que me aceptarían», pero Ayaso ingresó en la Rutgers, en el cercano Douglas College.

En la segunda universidad feminista más importante del país, se matriculó de carrera principal en Psicología y de secundaria en Historia del Arte. «Después de mi primera clase de arte me dije: este es el amor de mi vida», recordó la aún enamorada, que desde su primer año colaboró con el centro y se le encargó tomar fotografías para crear diapositivas. Tarea que hizo caer en sus manos dos caprichos de Goya.

La entonces estudiante, cambió el orden de las titulaciones, pero para graduarse en las dos necesitaba sacar la máxima nota en la primera. Lo hizo y se licenció con honores y una tesis sobre el escultor italiano Leone Leoni. Corría el año 1983 y el mundo se estrechaba, por ello se muda a Madrid para diplomarse en Estudios Superiores de Arte y en Arte Ibérica por la Complutense.

El matiz del artista

Comenzaba una gran trayectoria que le llevaría tres años después a Italia, a la Universidad de Urbino, donde realizaría previamente un máster y con 40 años el doctorado en Conservación de Bienes Culturales. «No conozco a muchos artistas que hayan estudiado historia del arte», la autora es escéptica ante el cúmulo de firmas estériles, que contribuyen a la pérdida de credibilidad de la profesión del pincel.

«Es más fácil explicar qué no es arte, que lo que sí lo es», concretó la especialista en collage y fotomontaje, que nunca podría encuadrarse en una determinada escuela o movimiento. La obra de Ayaso bebe de los sueños y de la ruptura freudiana con el viejo modelo de sociedad, pero a través de este discurso desenmascara al: «Todos somos artistas».

En su estudio provisional, mediante un tornado de acentos entre: inglés, italiano, castellano y gallego; intenta definir su método, pero inevitablemente acaba estrenando un lienzo. «Arte es lo que provoca sentimientos», lejos de ser un pensamiento simple, ese impulso de libertad también explicó el motivo de su rincón.