A la memoria de mi sobrino allegado, muerto en su mar de Arousa
28 dic 2014 . Actualizado a las 05:00 h.Dum subit illíus trístissima noctis imago? Ya sabes, Germán, hermano,- tu nombre procede del latín Germanus/hermano-, que me gustan los latinajos, que por eso soy doctor en Filología Románica y que, en cambio, al periodismo le dediqué «solo» veintidós años de ejercicio compartido con la enseñanza universitaria? Te explico: el precioso verso latino de Publio Ovidio Nasón, que abre las Tristes elegías escritas por el autor, también, de Metamorfosis, en las orillas del Mar Negro, a donde lo exilió de por vida, seguramente por cuestión de celos amorosos, su amigo César, el emperador, viene de perlas para entrar en el misterio de la vida y de la muerte, pero, sobre todo, de lo incomprensible de ambas realidades. Dice Ovidio: cuando, de repente, me sobresalta la imagen tristísima de aquella noche? La noche de Ovidio, la de su llegada a Constanza, donde fue confinado, me recuerda la hermosa tarde del pasado martes, 16, de este cálido mes de diciembre, cuando alguien me dijo: tengo que darte una mala noticia: El Paquito Nº Dos, que patronea Germán, ha desaparecido a la altura de Corrubedo, no se sabe nada ni de él ni de los otros dos marineros que iban a bordo.
Uno de los grandes poetas solidarios del siglo XX, el noruego Nordahl Grieg, que murió cuando su avión fue derribado por los antiaéreos de Hitler, -pilotaba en la RAF y en aquellos momentos, en 1943, bombardeaba objetivos militares en las afueras de Berlín-, dice en uno de sus poemas: «Son los mejores los que mueren». No añado ni una palabra más y estoy seguro de que tus dos amigos marineros que te acompañaban en la travesía, Santi y Toño, también son de los mejores. Pero nunca creí que tanta gente coincidiera en tu entierro y fueran todos amigos tuyos, que miles de personas fueran incapaces de cerrar el manantial de las lágrimas, tal vez por la amistad y el cariño, tal vez, incluso, por la desesperación y la rabia de muertes tan injustas que ni siquiera han consentido un ensayo general para el tránsito, un enorme susto pero con resultado feliz. Seguiremos conjugando nacimiento y muerte como topes inciertos, que no marcamos nosotros sino que nos vienen dados sin saber muy bien por qué y para qué.
Coincidencias
Nunca, Germán, hemos hablado tú yo con detenimiento. Yo, como sabes, me levanto a las seis de la mañana, pero tú, a esa hora llevabas una faenando en el barco o camino de Muros -o de Chile, los últimos años-, de modo y manera que nuestras citas no eran más que cruces coincidentes, un sábado o domingo, a la hora del aperitivo. Y coincidíamos? ¿Dónde iba a ser?, en el Barbantia o en La Batea de Juan -en la batea, ¡qué cosas, qué rutina!- .
Horas después del naufragio, mi sobrina y esposa tuya, Pili, seguía diciendo: «No, no puede ser, están vivos, están nadando». Tenía razón. Por mi parte, la cita de amanecida sigue en pie. Siento que no haya podido ser, pero yo no sabía? Ni siquiera sabía que miles de hombres y mujeres, -la mayor parte barbanzanos, pero no solo- eran amigos tuyos hasta la tumba. No quiero mirar desde esa altura de Vista Alegre hacia Occidente porque solo veo tu mar, tu ría, tu mundo? Los egipcios aseguran -lo dice El libro de los muertos- que las almas de los mejores eran conducidas por dios hasta el hermoso Occidente, situado, para ellos, en el Finisterre gallego. Y allí descansaban en paz. Tú has vivido siempre en ese Occidente hermoso, cuna y destino de los mejores, de los que Dios nos separa, seguramente por envidia, porque os quiere para él. Lo siento, Germán, Germanus, Hermano.
in memoriam germán fernández triñanes, patrón del «paquito nº dos»