Resistencia y recuerdos en Corrubedo

María Hermida
maría hermida RIBEIRA / LA VOZ

BARBANZA

CARMELA QUEIJEIRO

Familiares de los tripulantes, de los dos desaparecidos y del fallecido, hacen piña y traen al presente anécdotas entrañables de las víctimas

21 dic 2014 . Actualizado a las 05:12 h.

«Meu meniño». Así es como llama Carmen a Antonio, el más joven de los desaparecidos por el naufragio del Paquito Nº2. Fue con ella, su marido y sus tres hijos con quienes Antonio, conocido en Boiro como Raúl, se fue a vivir cuando él y sus hermanas se quedaron huérfanos. Carmen, que peina canas pero no le teme a las piedras de Corrubedo, que lleva recorriendo sin parar estos días para buscar a los desaparecidos, es una de las que resiste desde el martes en el faro. No está sola. Las tres familias -aunque Germán ya apareció y fue enterrado algunos de sus allegados siguen en la zona de la búsqueda- hacen piña de la mañana a la noche; unidas por la misma desazón. Las horas siguen pasando lentas. Y, ayer a media mañana, con la niebla y el orvallo metiéndose de lleno en los huesos, solo los recuerdos de las víctimas ayudaban a sobrellevarlas en Corrubedo, mientras el operativo de búsqueda se mantenía por mar, tierra y aire.

Aunque estos días son de lágrimas, algunas anécdotas contadas en las horas de espera, mientras los voluntarios y los profesionales vienen y van por las piedras, ayudan a sacar sonrisas. De Germán, algunos amigos recordaban ayer tanto su alegría como su bondad con los demás. Decían, por ejemplo, que ayudó mucho a Antonio, que le enseñó para que fuese un gran profesional en la batea. Quienes les conocen hablan de ellos, de Germán, Antonio y Santiago, como de unos amigos. «Non só traballaban xuntos, tamén andaban de festa unidos», se escuchaba en el faro.

La Navidad feliz de Antonio

Carmen, que cuidó a Antonio durante años como uno más de sus hijos -ya siendo adulto se fue a vivir con su hermana Vanesa, con la que compartía casa actualmente- le recordaba ayer de niño, de rebelde adolescente... Y traía a la memoria momentos entrañables: «Recordo un Nadal que ao meu home lle tocou unha cesta. E doulla a el para que a trouxera para a casa... O rapaciño non cabía en si con aquel regalo. Chegou pola porta con ela e víase máis á cesta ca el detrás dela. Estaba tan feliz...».

Desgraciadamente, este año la felicidad brilla por su ausencia en casa de Carmen y en muchas otras de Boiro. Tres son las familias afectadas directamente pero muchas más las que no tienen motivos para celebrar nada. Lo decían en el faro. Y añadían que el único consuelo sería que apareciesen los cuerpos. Pero, para eso, el mar debe ser generoso.