Los bateeiros, poco acostumbrados a tragedias similares en su sector

M. H.

BARBANZA

El barco bateeiro que ayer desapareció era asiduo de las procesiones marítimas.
El barco bateeiro que ayer desapareció era asiduo de las procesiones marítimas. dani gestoso< / span>

Boiro, como el resto de los municipios costeros gallegos, está acostumbrado a apechugar con desgracias en el mar. Pero las tragedias a bordo no las suele protagonizar el sector bateeiro. Ayer, consultando a numerosos mejilloneros, casi nadie era capaz de recordar una tragedia como la actual en su gremio. «Pode pasarlle algo a un tripulante, ou un accidente coa grúa, pero cousas así non», afirmaban. Tampoco Gabino Silva, capitán marítimo de Ribeira, que lleva más de veinte años conviviendo con la realidad marinera de la comarca, recordaba nada similar. Solo un hermano de Germán era capaz de rememorar un accidente mortal hace unos 25 años de una embarcación de este tipo cruzando la ría de Arousa. Fueron tres las víctimas.

Que los barcos bateeiros no protagonicen sucesos graves, en realidad, tiene su razón de ser. Se utilizan únicamente para faenar en las rías, que es donde están ubicadas las mejilloneras, y tienen unas dimensiones considerables -aunque hay mucha variación entre los barcos, suelen medir unos 18 metros de eslora y unos seis metros de ancho-, lo que les aporta estabilidad. Además, el sector bateeiro, aunque perdió fuelle en los últimos años, siempre destacó por ir a la vanguardia en cuanto a tecnología para poder trabajar en condiciones de mayor seguridad y en la toma de precauciones a la hora de ejercer su profesión. De hecho, es raro que si azota el mal tiempo los barcos bateeiros salgan. Lo hacen únicamente si tienen un pedido urgente que atender. De lo contrario, suelen amarrar sin demasiados problemas. Asimismo, lo habitual es que estas embarcaciones se sometan a un mantenimiento escrupuloso, pasando casi todos los años por el astillero correspondiente. Y navegan a velocidad reducida, ya que siempre lo hacen entre bateas y cargadas de mejillón, maquinaria o cuerdas. Regularmente, no suelen pasar de los ocho nudos.

Además, no es común que los barcos bateeiros hagan travesías largas. La que ayer emprendió hacia Muros el Paquito Nº Dos es una excepción, pues es raro que se navegue tanto con carga.