El pleno entraba en su recta final y acababa de debatirse el último punto incluido en el orden del día. Era una iniciativa del nacionalista Luís Pérez reclamando al Concello su colaboración con Stop Desahucios para ayudar a los vecinos que corren el riesgo de perder su vivienda. El ejecutivo, por mediación del edil Vicente Mariño, expresó su voto en contra indicando que ya se están tomando medidas y explicando que en los presupuestos del 2014 se incrementarán las partidas destinadas a emergencia social.
Justo tras la votación, desde los asientos del público se escuchó la palabra «vergoña» y, milésimas de segundo después, también desde el patio de butacas, se oyó «que vergüenza». Ocho personas ocupaban las filas de asientos. La presidencia, ejercida en este caso por la teniente de alcalde Dolores Elorduy, entendió «sinvergüenza». Hubo otros ediles de la oposición a los que les pareció escuchar lo mismo. Las opiniones son dispares, aunque parece claro que la expresión fue «que vergüenza».
Elorduy quiso imponer autoridad y llamó al policía presente en la sala para que preguntase quién había sido. Solo una de las dos personas que pronunciaron la palabra de la discordia confesó y, por ello, fue expulsado.
Salió en su defensa el edil Luís Pérez, quien replicó a la alcaldesa en funciones que no podía considerarse que este vecino hubiera interrumpido el pleno. También Luís Pérez, tras una llamada de atención para que se callase, acabó expulsado. Su compañero de filas, Xosé Cobas pidió «un pouco de man esquerda» a la presidencia y anunció que su formación se veía obligada a irse. El BNG se marchó y también lo hicieron, voluntariamente, cuatro personas del público. Entre ellas, el autor inconfeso del «que vergüenza».