El género escasea en plazas y supermercados, los precios son elevados y hay poca venta
05 dic 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Diciembre es el período que tradicionalmente los mariscadores y pescantinas marcan en rojo. No en vano, por muy apretados que anden los tiempos, casi todas las familias se rascan el bolsillo para intentar que en las mesas navideñas no falte algún marisco de la ría. Así que el agosto suele hacerse en el último mes del año. Pero en esta ocasión parece que la crisis no respeta ni siquiera las cenas de Nochebuena y Fin de Año. El género se está vendiendo a ralentí, y se despachó más en noviembre, dado que hay mucha gente que lo congela en previsión de la escalada de precios, que actualmente. Y no es la única novedad en negativo. También hay que hablar de escasez de producto autóctono y de precios un tanto abultados.
El martes, sinónimo de trajín en Boiro a cuenta del mercadillo, la plaza funcionaba a medio gas. Solo había marisco en tres puestos. ¿Por qué? Las pescantinas lo explicaban bien: «Está habendo pouco, sobre todo hai pouca nécora e centola da ría, así que vai cara e case ninguén se atreve a traela porque hai moito medo a que non se venda», decía una mujer que intentaba colocar dos cajas de percebe, que costaban 20 euros el kilo. En otra parada, en la que saludaban las centollas, las vendedoras contaban lo mismo: «Se vendió en noviembre algo pero ahora va todo más lento, porque los precios subieron. Las centollas garantizadas están a más de veinte euros. Es que no hay marisco, no hay casi nada».
Misma canción
Ayer, en la plaza ribeirense, volvía a sonar la misma canción. Balbina, una de las pescantinas, señalaba: «Mira, hoxe ninguén ten nécora máis ca min. Ninguén se arrisca, porque as ventas non están indo como deberían. ¿Quen se atreve co marisco, se os prezos están altos?». Nuevamente, y de forma machacona, ese discurso pesimista se escucha en el mercado de Noia, donde esperan que hoy, que hay mercadillo, se calienten un poco las hasta ahora gélidas ventas. Ayer sobraban los dedos de la mano para contar los puestos que ofrecían marisco.
El desabastecimiento no salta a la vista solo en las plazas, sino también en los supermercados, que tienen producto foráneo -hay nécora, bogavante y navajas- pero apenas autóctono. En algunos señalan que quizás en unos días empiece a dejarse ver. Pero no aseguraban nada. «De aquí non che hai moito este ano», indicaba una clienta dejando claro que el mensaje de la escasez ha calado.
Preguntando en las lonjas, cantan las mismas verdades: la nécora está prácticamente desaparecida, la centolla se vende al por menor y almeja hay, pero más cara de lo habitual. ¿Las causas? Se supone que el agua demasiado fría, el mal tiempo y la acción de los furtivos.
Sea por lo que fuere, a menos de un mes para Navidad, el marisco de las rías no llena las paradas de las plazas ni los mostradores de los supermercados. Por una vez, los precios no suben por la ley de la oferta y la demanda, sino porque no hay producto. La tormenta perfecta.
Algunas familias adelantaron las compras navideñas a noviembre