Unos Reyes que nunca defraudan

raquel iglesias RIBEIRA / LA VOZ

BARBANZA

SIMÓN BALVÍS

Sus Majestades dejaron boquiabiertos a los miles de niños que se agolparon en las calles

06 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Los Reyes Magos, que todo lo pueden, eligieron un día de sol resplandeciente para llenar de ilusión la comarca. En su recorrido por las calles de Barbanza se repetía la misma frase: «¡Son ellos, mamá, son ellos, de carne y hueso!» Este año sus majestades de Oriente no cayeron del cielo -el año pasado un helicóptero los trasladó a Ribeira- sino que eligieron otros medios de transporte para llegar puntuales a cada uno de los concellos en el que se los esperaba como a auténticas estrellas. Tenían que prepararse para una noche cargada de trabajo, pero no escatimaron en mimos con los más pequeños de la casa.

La capital barbanzana recibía a los Magos de Oriente en el Malecón y con un espectáculo pirotécnico como preludio. Sus Majestades llegaron por mar y una muchedumbre los aclamaba desde tierra. Una vez allí, Melchor, Gaspar y Baltasar se dirigieron a sus carrozas para comenzar a repartir los 1.200 kilos de caramelos que se trajeron desde tierras lejanas. Los pastorcillos que los acompañaban en la cabalgata llenaron sus gorritos de dulces para lanzarlos a los cientos de niños que se agolpaban ante ellos con los ojos como platos. Hacía un frío que pelaba, pero mucha más ilusión.

Trópico de Grelos puso el ritmo y junto a otras seis agrupaciones hicieron resonar la música en cada rincón de la ciudad. Delante de cada Rey se escuchaba una banda sonora. A muchos se les quedó en la cabeza durante toda la tarde la pegadiza canción Suavemente, que anunciaba la llegada de Baltasar. Como no podía ser de otro modo, las carrozas de los Magos de Oriente iban acompañadas de otras inspiradas en películas, como Toy Story, o en motivos marineros, como no podía ser de otro modo en Ribeira. Solo un día al año hay tantos niños por metro cuadrado en las calles de Barbanza. Y sus risas son lo único que parece importar.