La alargada sombra del maestro

Marta Gómez Regenjo
Marta Gómez RIBEIRA / LA VOZ

BARBANZA

Pese a que hace tiempo que no se celebran actos para reivindicar la figura del periodista, el recuerdo del gran cronista de Boiro sigue muy presente entre quienes le conocieron

26 feb 2012 . Actualizado a las 07:03 h.

Recordando a Raimundo García, Borobó, periodista, escritor y veraneante ilustre de Boiro, hay quien lo definió como una persona «que se fixo boirense», razón más que de sobra para justificar el hecho de que fuera declarado hijo adoptivo del municipio, aunque fuese pocos días antes de morir, y de que cuente en la localidad con una calle y una asociación cultural que llevan su nombre. Y es que la sombra de Borobó es alargada, y aunque su figura sea prácticamente desconocida para muchos jóvenes, su recuerdo sigue muy vivo en Boiro, sobre todo entre quienes lo conocieron.

A finales de agosto del 2003, el municipio se vistió de luto al tener que despedir a un prolífico periodista que se ganó a pulso su condición de ilustre de las letras. Ahí quedan para corroborarlo sus anacos, al menos diez mil artículos que publicó a lo largo de su extensa carrera y gracias a su vocación por las letras, ya que, incluso después de jubilarse, siguió escribiendo todos los días. También quedan sobre el papel publicaciones como El fantasma de Valle-Inclán, A cantora do Sar, Daniel, o noso o O reiseñor de Trasalba, este último dedicado a la figura de Otero Pedrayo.

Merecida es también su designación como hijo adoptivo de Boiro, un lugar al que llegó un verano por casualidad y del que nunca se marchó del todo. Era hombre de costumbres y desde siempre, y mientras tuvo fuerzas, recorrió las aldeas boirenses en los interminables paseos que le hicieron conocido hasta en el último rincón del municipio. Fue precisamente en una de esas caminatas donde descubrió el lugar en el que quería quedarse: Trevonzos, en la parroquia de Cespón.

Dominando la ría

Cuenta su hija Paola García Paz que fue la situación de la casa, en una atalaya que domina el fondo de la ría arousana, la que impulsó a su padre a establecer allí su segunda residencia. Esas vistas le sirvieron además de inspiración en muchas ocasiones y, de hecho, buena parte de sus publicaciones llevan como antetítulo Memorial de Trevonzos.

Dada la importancia de ese lugar para Borobó, no es de extrañar que fuese uno de los puntos elegidos para los homenajes que se sucedieron tras su muerte. La vivienda luce desde el 2004 una placa que recuerda al hijo adoptivo de Boiro, colocada días después de que su viuda, Carlota Paz, descubriese un busto dedicado a Raimundo García en la casa de cultura de A Cachada. Más tarde, en el 2006, se celebró un nuevo homenaje en el que se bautizó con su nombre una calle del centro de Boiro, pero, pese a que por aquel entonces todo el mundo, especialmente los políticos, reivindicó la necesidad de difundir la obra de Borobó, los actos de recuerdo remataron y esa asignatura quedó pendiente.

Afortunadamente, queda aún mucha gente en Boiro que le recuerda y que puede mantener la memoria «dunha persoa universal, que defendía sobre todo a convivencia entre as persoas e as culturas, que vivía aquí e preocupábase polo de aquí, desde a historia ata os lugares e os costumes de Boiro». Así le define el exalcalde Xosé Deira, quien le trató personalmente durante muchos años.

También quedan de Borobó las hondas raíces que echó en el municipio boirense, donde vive una de sus hijas, donde pasa largas temporadas su viuda y con el que toda la familia mantiene una gran vinculación.