16 ene 2012 . Actualizado a las 06:00 h.
Como dice Vila, Ramón Sampedro sería feliz ayer viendo a su gente como le recuerda con alegría. Ni el intenso frío ni el mar embravecido solaparon los sencillos actos con los que cada enero se rinde homenaje al abanderado de la eutanasia, y menos hoy en día, que su causa se comprende cada vez más y su mensaje se va transmitiendo de generación en generación.