Macroempresas y microvíctimas

Alicia Fernández

BARBANZA

Los abusos y tropelías cometidos a diario por las grandes corporaciones empresariales, sobre todo en los ámbitos de las comunicaciones, la energía y la banca, quedan en su práctica totalidad impunes. Este hecho, unido a la dimensión de sus víctimas preferidas, pequeñas empresas o personas, ha creado un clima de impotencia entre la ciudadanía. Una humillante situación que incluso las diferentes Administraciones parecen dar por normal, pues sus tímidos intentos de ponerles coto más han parecido gestos para la galería, pactados con ellos, que medidas de calado. Discurren en sus atropellos cotidianos por encima de las leyes y los gobernantes, a los que manejan a su antojo como marionetas; cuando no las pasean, si los ven ganadores, en sus aviones privados. Porque el dinero no vota, tan solo se pega al poder y lo parasita; cuando seca la fuente la deja y busca la siguiente.

Esta semana, la antigua joya de la corona del paquete empresarial estatal, Telefónica, aquella forjada con las «matildes» del genial José Luis López Vázquez, realizó un anuncio que debería constituir un verdadero escándalo pero que ha pasado con más pena que gloria por los informativos.

Esta empresa, mal vendida para el erario público pero con evidentes prebendas para los amigotes del entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, ha anunciado un plan para reducir 6.000 empleados de aquí al 2013 ¿Está en crisis?, se preguntarán ustedes. Pues no mucho, la verdad. El año pasado ha tenido el récord histórico de beneficios, cifrados en 10.000 millones de euros. Muchos de ellos conseguidos gracias a un mercado español, en el cual no hay una libre competencia -opinión que tomo de la Comisión Europea- y cuyos ciudadanos soportan una de las tarifas más altas de Europa en telefonía.

Para mayor choteo y desprecio, al día siguiente anuncian que sus directivos se repartirán 450 millones de euros en primas, aquellas que pusiera de moda Juan Villalonga. Para rizar el rizo, seguro que esa reducción de plantilla se realizará en base a las medidas de flexibilización de empleo pensadas para empresas en apuros. Y como aquí todo es a lo grande, comprarán a los trabajadores con bajas incentivadas y prejubilaciones de cuyo coste nos tocará a todos una parte, bien sea por la vía de las compensaciones o del menor ingreso de cuotas de la Seguridad Social.

Esto demuestra que los españoles y españolas hemos perdido el ADN de Viriato, del Gran Duque de Alba o de los mártires del 2 de mayo; si no fuese así, con las vejaciones que sufrimos, daría para desenfundar la espada y tirarse al monte. Mientras tanto, los políticos a lo suyo, sin el menor rubor por llevarse la pasta sin hacer nada. Hablando de estupideces o corneándose con saña, incapaces de alcanzar algún acuerdo. O contradicciones tan evidentes como la del PP, que en Madrid culpa a Zapatero de la crisis mundial y en Galicia la usa de excusa para justificar la penosa situación.