Puede parecer que la crisis se esté convirtiendo en coartada para justificarlo todo. Realmente, por muchos esfuerzos que hagamos para no vernos obligados a citarla, ella irrumpe por todos lados. Se preguntarán ¿qué relación tiene la susodicha con la violencia juvenil que, día sí y día también, copa páginas de periódicos, aperturas de telediarios, informativos radiofónicos? Pues sí, este que suscribe, por lo menos, achaca parte de tan lamentables sucesos a eso que tanto nos está embargando, que ha puesto en cuarentena incluso la vida misma de las personas.
Los españoles sitúan el paro a la cabeza de las preocupaciones, cosa, por otro lado, lógica si tenemos en cuenta que nos acercamos peligrosamente a los cinco millones de desempleados. Si desglosamos esa alarmante cifra podremos concluir que más de un millón de esos desocupados son personas menores de 35 años, o sea jóvenes, chavales sin trabajo y sin expectativas de futuro a corto y medio plazo, que, en el mejor de los casos, siguen estudiando y dependiendo de sus padres; o, en el peor, se pasan el día sin saber qué hacer.
Si a la desocupación sumamos que la nueva estructura familiar poco tiempo deja a los padres para ocuparse de los hijos, es fácil entender que los jóvenes se conviertan en objetivo de individuos sin escrúpulos que ponen en sus manos bombas de relojería que acaban estallando. Así ocurrió últimamente con el caso del hombre de Ribeira que murió tras recibir una brutal paliza de la que son presuntamente responsables cuatro chicos de poco más de veinte años de edad. Si se confirma la investigación, por 70 euros habrán sido arruinadas un puñado de vidas: la del fallecido es la más trágica, pero no lo son menos las de los cuatro supuestos autores de la agresión, ni la de los familiares de todos ellos.
Lamentablemente, el tiempo corre en contra de los padres y en perjuicio de los hijos. En la era de la tecnología, de la globalización informativa, los chavales se pasan demasiadas horas solos. En muchos casos, ante un ordenador que es una ventana al mundo por la que tanto puede entrar cultura y formación como toda clase de peligros. La otra opción, las decenas de cadenas de televisión a las que hoy se puede acceder a través de cualquier aparato, también está llena de amenazas de las que son responsables grandes grupos de comunicación que no tienen escrúpulos para conseguir la mayor audiencia.
Autoridad del profesor
Por si fuera poco, los padres hemos restado autoridad a los profesores; grave error si tenemos en cuenta que son los adultos que más horas pasan con nuestros hijos, precisamente en los momentos del día en los que los chavales están en pleno proceso de aprendizaje, porque de noche, el cansancio del trabajo y el sueño imposibilitan una comunicación fluida entre progenitores y vástagos. En algún momento tendremos que pararnos a analizar qué es lo que estamos haciendo con nuestros hijos. Sí, porque el hecho de no hacer nada es tan deplorable o más que hacerlo mal a conciencia.
No me salen de la cabeza los cuatro muchachos que esta semana pasaron por los juzgados de Ribeira, ya no solo por el delito del que han sido acusados, sino también por su actitud desafiante, por la falta de las lágrimas propias de quienes se sienten culpables de sucesos involuntarios. Me recuerdan a otros de edades similares que protagonizaron horribles crímenes en los últimos tiempos y, en su deambular de comisaría, al juzgado y a la prisión, incluso se permitían sonreír o burlarse de quienes los increpaban.
Lo peor de todo es que los sucesos en los que están chavales insultantemente jóvenes involucrados van en aumento. Sin ir más lejos, durante la madrugada de ayer se produjeron incidentes graves en la zona, uno de los cuales pudo acabar en la misma tragedia que segó la vida a Fernando Paz, Ferkins. Cuando el patrimonio más importante de la persona, que es la vida, no se respeta, ¿qué otros valores pueden formar parte de un insensato? Los padres tenemos que hacer un alto en el camino y mirar por nuestros hijos, porque es ley de vida que ellos nos entierren a nosotros, no nosotros a ellos.