Aparcar o no aparcar es la cuestión que ha hecho que se formasen dos bandos entre los residentes de una céntrica calle de la localidad boirense de Escarabote
31 dic 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Si ser o no ser era el gran dilema al que se enfrentaba el Hamlet de Shakespeare, aparcar o no aparcar es la cuestión que desde hace un año trae de cabeza a los vecinos de Peralto, en Escarabote, y que ha hecho que unos cuantos declaren la guerra al Concello. Esta semana, los residentes que están en contra de la prohibición de estacionar en su calle decretada por el ejecutivo escenificaron su malestar en un pleno, pero no todos son de la misma opinión, y hay quien está a favor de una decisión que el gobierno local defiende a capa y espada.
Lo que ocurre es que en estos asuntos, al igual que pasa con la cifra de participantes en las manifestaciones, cada cual arrima el ascua a su sardina, y el número de vecinos a favor o en contra de la medida depende de quién dé el dato. Si es el ejecutivo, la cifra se queda en tres disconformes contra el resto, mientras que si se pregunta a los residentes de uno u otro bando, el porcentaje se queda en un 40-60, más o menos. En definitiva, un lío monumental en el que, pese a todo, hay puntos de acuerdo entre las distintas partes.
Quienes exigen que sí o sí se permita aparcar en la calle como siempre hicieron apuntan que la decisión del Concello tiene una consecuencia clara: «Crear controversia onde non a había. Nunca houbo problema, e se un coche estorbaba, avisábase ao dono e apartábao e non pasaba nada». En esto coinciden los que aplauden la medida, aunque matizan que es mucho más cómodo circular por la calle sin obstáculos e «sen ter ir chamando porta por porta aos veciños para que aparten os coches».
Otro punto de coincidencia tiene que ver con que todos consideran positivo que se abriese una salida a un callejón del que antes solo se podía salir marcha atrás. Sin embargo, esto tiene un problema: «Agora é máis perigoso porque, aínda que hai un sinal que limita o paso aos residentes, os coches atallan por aquí e pasan moi rápido». A esto, los que están a favor de que se deje estacionar, tienen la solución: «Se deixaran aparcar, os que pasan por aquí non terían máis remedio que ir máis a modo».
Convenio
También están conformes todos los residentes con el nuevo aparcamiento que se ha habilitado para que puedan dejar sus vehículos, pero lo que más enerva a quienes quieren poder aparcar en la puerta de su casa es la razón que llevó a que se colocasen las señales que prohíben estacionar: para abrir la calle un vecino cedió unos metros de terreno a cambio de que se prohibiese aparcar. De incumplirse esta premisa, el Concello tendrá que pagarle 30.000 euros: «Sáelle o metro cadrado máis caro que la Gran Vía de Madrid», se quejaba una residente, que considera injusto ese acuerdo. Sobre todo, porque estos vecinos sostienen que el camino es privado, que lo compraron en su día y que todos cedieron parte de sus propiedades para poder ampliarlo «e non temos por que perder os nosos dereitos».
Y mientras unos dicen que sí y los otros que no, el Concello se mantiene en sus trece.