Tras casi sesenta años sirviendo en Ribeira empanadillas, café de pota y vino en tazas, el Bar del Pescador cierra sus puertas
30 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Esta tarde se cierra una etapa de la historia de Ribeira, la que desde hace casi sesenta años lleva escribiendo el Bar del Pescador, un clásico de la ciudad. Su propietario, Juan Mariño González, también conocido por Pescador, se jubila, y ha decidido cerrar las puertas del local: «Teño 65 anos, levo 46 no bar, pois o establecemento abriuno meu sogro, e ningún dos meus dous fillos van seguir co negocio, así que non me queda outra», explica, no sin nostalgia, este ribeirense.
El Bar del Pescador, situado en el Malecón, es toda una institución en Ribeira, y el local por excelencia de la gente del mar, aunque siempre abierto a todo el mundo. La mayor parte de la clientela es «a de toda a vida, o máis maior que vén ten 84 anos», pero por sus instalaciones han pasado todo tipo de personalidades, conocidas y más anónimas. «Nos anos sesenta tiñamos un permiso especial expedido polo gobernador da Coruña para poder abrir día e noite. Así podiamos dar ceas aos empregados da lonxa», continúa Mariño, un trabajador que, además, acumula varios premios de hostelería. Desde los años ochenta ya no dan cenas, pero sí tapas. De hecho, la calidad de las empanadillas del Pescador ha llegado a traspasar fronteras. Lo que no cambió en todos estos años es el café: «Aquí sempre tivemos café de pota, nunca compramos máquina».
Decoración
Tampoco ha variado la decoración. «Soamente retiramos as barricas de viño cando empezaron a estenderse as botellas», explica el hostelero. Así que, con más razón aún, estas paredes y todo el mobiliario continúan aún plagados de historias y de anécdotas. «Non me daría o día para contalas, aquí viña moita xente tamén porque durante unha época eramos os únicos que tiñamos teléfono na zona. Así que acudían para chamar e moitas veces eu tamén tiña que ir ata a lonxa porque chamaban por algún traballador», cuenta.
No habrá grandes ceremonias para despedir al Pescador, «aínda que os meus amigos querían facer unha manifestación», bromea Mariño. Tan solo habrá unas tazas de vino entre amigos, que no es poco: «Eu sempre digo que o que bebe dúas cuncas de viño vive un ano máis». El local es de alquiler, así que regresará a manos de su dueña y no se sabe qué nuevo destino le tocará vivir.
Mariño tiene claro el suyo: «Teremos que buscar outro lugar para reunirnos os amigos», y añade que ahora le toca «coidar da miña sogra, seguir unha vida normal e facer o que eu chamo a ruta do colesterol, andando por Coroso na compaña dun amigo que conta boas historias». Seguro que el Bar del Pescador protagonizará alguna de ellas.