A los más pequeños del colegio de Olveira, el centro se les viene grande. Y no porque sobre espacio, sino porque es un colegio diseñado para niños de primaria. No hay aulas en condiciones para todos, y es por eso que desde la asociación de padres protestan dado que hay un grupo de críos de infantil que recibe clase «en doce metros cadrados».
Han pasado unos doce años desde que se incorporaron al colegio los alumnos de infantil -los de 3, 4 y 5 años-, pero el diseño del centro no ha variado. Escalones muy altos y numerosos, retretes grandes, lavabos inalcanzables por su altura, baños alejados de las aulas... Son algunos de los escollos a los que, día a día, tienen que hacer frente los más pequeños. Para los de 3 años, la situación es bastante buena, pues tienen un aula adaptada. Los de 5 cuentan con una clase en condiciones, aunque tienen que subir muchas escaleras. La peor parte, según cuentan desde la asociación de padres, se la llevan los de 4. Una antigua sala de orientación se habilitó como aula, pero sus dimensiones son muy pequeñas y, solo con echarle un vistazo, uno se imagina a los niños y la profesora muy apretujados. Con el espacio que ocupan muebles, mesas y sillas, imposible pensar en hacer muchas actividades
Movilización
Los padres están indignados y no descartan movilizarse. «El año pasado aguantamos porque dijeron que era algo provisional, aunque ni siquiera había persianas, pero este curso no lo vamos a consentir», dice Vanessa Torrens, una de las madres afectadas.
El director del centro, Dositeo Fernández, apoya las peticiones de los padres, y recuerda que cuando se incorporaron los niños de infantil al centro estaban todos en una misma aula, pero «nunca houbo máis de vinte cativos». Ahora son 34, y la normativa impide juntar a más de 12 niños de distintos niveles en la misma sala, así que están en tres grupos desde el curso pasado. Pero no hay espacio. La idea que se pensó el curso anterior o era usar el gimnasio para construir dos aulas de 32 metros. Para ello habría que trasladar el gimnasio al porche posterior, una idea que había sido apoyada por Concello y Xunta. Pero se quedó sobre papel.