El crucigrama

Maxi Olariaga

BARBANZA

19 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Bajo la sombrilla multicolor rebana el sol con su navaja de cachas de nácar la piel de la bella que resuelve un crucigrama. Se lleva la bella el bolígrafo a la boca y cierra los ojos ocultos tras dos espejos tintados montados en un andamio de carey. Sé que me está observando desde la oscuridad que le proporcionan sus gafas y por tanto yo la miro y la admiro desde mi trono de lona estampada en malvas y amarillos.

Cuando me nota el tenguerengue, entonces, da con la solución y la apunta lenta, muy lentamente en las cuadrículas del crucigrama. Sacude su cabecita y peina con las uñas su melena hasta conseguir que unos tonos cárdenos irisen todo el espacio que ocupamos sobre la arena.

Al fondo, la mar va y viene con ese rumor único que brota de su garganta líquida mientras el sol abrasa su superficie hasta llevarla a la ebullición. La mar también mira a la divina que resuelve el crucigrama bajo la sombrilla y yo siento como la llama una y otra vez.

Ella de pronto se da cuenta de que un aviso flota en el aire y mira al cielo y a ambos lados de la playa. La noto desorientada. Se pone en pie y su sombra toca mi pecho abandonado sobre la hamaca. Su sombra recorre mi cuerpo al ritmo de sus movimientos y la calentura abrasa mi frente.

Tengo que incorporarme para evitar su contraluz ardiente y entonces oigo su nombre venido de los labios del mar: «Ven, Lara, sé mía. Ven, acércate». La divina Lara deja caer el periódico y el bolígrafo se clava en la arena como un venablo de plata logrando una sombra en la que dan las cinco de la tarde de un reloj de sol.

Lara mira al mar. Ya se ha dado cuenta de que es la mar quien la llama. Duda un momento y se vuelve. Se quita las gafas y las deja caer sobre la toalla. Me mira y mi cara se tiñe del verdor de sus ojos.

Hace un gesto que no soy capaz de interpretar. De nuevo vuelve sus ojos verdes a la mar y un suspiro se desmaya sobre la arena como una lágrima moribunda. Lara camina hacia la orilla y, cuando sus pies sienten el beso húmedo de la primera espuma, vuelve a mirarme. Salto de la hamaca presintiendo una tragedia. Vuela una mariposa blanca sobre su toalla mientras Lara se deja abrazar por la mar.

Nunca la volví a ver. Nadie se dio cuenta de su ausencia en la playa. Recogí su periódico y pude ver que en el crucigrama solo estaba escrita la palabra Paraíso.