La compra

Carlos Insua

BARBANZA

No sin tiempo, esfuerzos y aventuras, que dieron lugar al llamado culebrón Goiáns, parece que por fin la ansiada torre y toda su finca pasarán a titularidad pública por el sencillo procedimiento de compra-venta. En los próximos días, el Concello de Boiro, con fondos estatales especiales gestionados por el diputado nacionalista Jorquera, pagará a los actuales propietarios aproximadamente la mitad de los 4 millones de euros del precio pactado en el momento de la firma del convenio, y la otra mitad en mensualidades hasta diciembre de este año. En ese momento, cuando la totalidad del precio haya sido abonado, se perfeccionará la compra y el pazo y sus doce hectáreas y media serán municipales.

Es de suponer que la operación será elevada a escritura pública y anotada en el Registro de la Propiedad. Los costes de estas operaciones correrán por cuenta del comprador. Ignoro la cuantía de ellas, porque al estar implicada una entidad local y un inmueble posiblemente catalogado como de interés cultural, algunos impuestos y aranceles podrían tener tipos impositivos especiales. No debería olvidarse esta cuestión, pues al fin y al cabo no se trata de calderilla y habrá que tenerla en cuenta.

Pero tecnicismos aparte, a principios de 2011 Goiáns será del Concello de Boiro. Este hecho, de por sí, es un logro del equipo de gobierno de Boiro, un logro fáctico y electoral cuya consecución se ha prolongado en el tiempo, ha requerido de esfuerzos, horas de trabajo, planes surrealistas e ideas desesperadas hasta que se ha conseguido. ¿Cómo? Sencillamente pidiendo ayuda, que es lo que hacen las personas inteligentes cuando no pueden resolver un problema por si mismas. Si bien es cierto que el valor de mercado de Goiáns descendió al bajar el suelo edificable del mismo, la incertidumbre generada por la protección del litoral y el futuro tratamiento que se le otorgue en el plan especial del nuevo PXOM, también es cierto que una intervención directa de la Xunta o del Estado desde el principio hubiese cambiado mucho la negociación de estos siete años.

¿Qué queda pues? Aprender del pasado y no embarcarse en locuras, arreglar el pazo austeramente cuanto antes y mantenerlo, que no es poco; limpiar la finca de malezas y no tocarla hasta tiempos mejores, limitar la entrada al recinto, suspirar y descansar. Goiáns es por fin del pueblo de Boiro.

De la rentabilidad electoral para el BNG y el PSOE de esta operación, habrá tiempo de opinar. Y también de la posición del PP sobre este tema, pues a hechos consumados la crítica basada en la defensa de posturas e ideas pasadas, no es nada fácil. Y para terminar, y aunque algunos no lo crean, solo me queda felicitar al alcalde por este logro. Estoy seguro que Xosé Deira estará pasando unos días de alivio y felicidad que ni este ave de mal agüero se los quiere ni va a estropear.