Los 21 adjudicatarios de las viviendas sociales pudieron visitar, por primera vez, sus futuros pisos. Lo hicieron con ilusión por ver sus casas, y decepción por el retraso
09 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El de ayer debería haber sido un día de alegría y de celebración para las 21 familias adjudicatarias de las viviendas sociales de Xarás, en Ribeira, puesto que, por fin, pudieron conocer sus futuros hogares por dentro. Pero en el ambiente había más desilusión que otra cosa. Muchos llevan acumulados tras de sí seis años de espera y, cualquier promesa, a estas alturas, les suena a chino. Una sensación agridulce es la que vivieron los afectados, que fueron citados a las diez de la mañana para poder conocer, durante unos pocos minutos, lo que serán sus casas. Caras de alegría e ilusión por este día tan ansiado, pero también mucho resentimiento. Se sienten víctimas de multitud de engaños y retrasos y ansían poder vivir en estos pisos de inmediato.
De uno en uno, fueron conociendo las viviendas. Una de las adjudicatarias, Beatriz Doval, se mostraba muy contenta e ilusionada tras conocer su casa, en la que vivirá con sus cuatro hijos: «Estoy deseando venir a vivir aquí. El piso es muy bonito, aunque pensamos que la cocina tendría algún mueble». El problema de los enseres de la cocina estaba ayer en boca de todos, pues aseguran que les habían prometido que incluiría los muebles inferiores, algo que consideran esencial para unas viviendas sociales. Pero no es así, solo tiene la encimera, el fregadero, horno y vitrocerámica. También se quejaban de que los armarios empotrados no están divididos, sino que cuentan solo con las puertas.
Equipamiento
Aun así, los vecinos se mostraron muy contentos con el aspecto de sus casas: buena calefacción, un sistema de ventilación especial, tanques de agua caliente de grandes dimensiones y placas solares para permitir un ahorro en la factura de la luz.
Susana Costa es otra de las personas que aguarda por un piso, en el que vivirá con su marido y sus dos hijos de 5 y 10 años. «Llevamos dos años y medio esperando, pero mi hermana lleva cinco», comenta esta vecina. De hecho, en esta familia son cinco hermanos -uno de ellos, con nueve hijos- los que se mudarán a Xarás. «Tenemos muchas ganas de instalarnos ya, porque cada uno se las arregla por ahora como puede. Yo estoy viviendo con mi madre. La espera se lleva con paciencia, pero es difícil después de tantos engaños. Ahora, por ejemplo, nos enteramos de que la cocina no tiene muebles», continúa.