Tatuajes que duelen

Juan Ordóñez Buela

BARBANZA

El tatuaje en marineros y legionarios siempre ha sido un símbolo de virilidad y una marca endeble de amor eterno. El nombre de la madre o de la amante pegado a nuestra piel de por vida ha dado pie a hermosas canciones y entrañables novelas. El tatuaje corporal se ha ido instalando en nuestra cultura contemporánea, primero como un acto de rebeldía y después como simple decorado estético. ¡Es lo que se lleva! Contestan los chavales para justificar su decisión. Ya sabemos: cuando algo está de moda, cualquier reflexión es imposible, se lleva y ya está.

Ante la avalancha de jugadores tatuados, los servicios médicos del Real Madrid han decidido controlar a sus estrellas. El club aclara que no pretende meterse en la estética de sus futbolistas, pero quiere asegurar su salud que, dicho sea de paso, le ha costado una millonada como para permitirles andar por ahí arriesgando sus cuerpos serranos. No conocemos qué problema ha desatado la reacción inmediata de los servicios médicos del Real Madrid, pero algo habrá ocurrido para atemorizar a sus directivos, proclamarlo a los cuatro vientos y llevarlo a la portada de los periódicos deportivos para que todos se enteren. El club exige que los tatuajes se hagan en centros acreditados, con certificado de sanidad, que el tatuador sea experimentado y que el material de punción sea desechable o esterilizado. Cuesta imaginar a un multimillonario del balón poniéndose en manos de cualquier indocumentado que se gana unos euros tatuando en plena calle o en un local asqueroso carente de higiene. El futbolista que se tatúa corre el riesgo y los que pagan quieren que sean los menos posibles.

En la calle podemos contemplar a nuestros jóvenes luciendo tobillos con tiernas florecillas o la esfinge de su actor preferido encima del ombligo. Hay tantas figuras, tamaños y colores como podemos imaginar. Pero no olvidemos que el tatuaje es una agresión aguda de la piel y, además, con él se corre peligro de contraer enfermedades o desencadenar reacciones adversas importantes. La epilepsia, la diabetes e incluso el sida o la hipotensión pueden descontrolarse. Hay que tener en cuenta que agujerear la piel siempre duele y que es prácticamente imposible eliminar un tatuaje sin dejar algún tipo de marca o cicatriz. Para quitárselo de encima hay que acudir a la cirugía plástica, la dermoabrasión o la técnica láser.

La comisión europea ha alertado del peligro de contraer enfermedades por los tatuajes. Se denuncia que la mayoría de las sustancias químicas empleadas para tatuar son pigmentos industriales como pintura para automóviles o tinta para escritura. Muchos tatuadores no preguntan sobre antecedentes alérgicos o enfermedades, ni informan sobre las precauciones y cuidados. Los tatuajes: verdades que duelen.