Si todos tenemos una idea de a qué edad se puede conducir un vehículo, vinculada al sentido del riesgo y a la pericia en el dominio del vehículo, ¿por qué cuesta tanto trasladar este mismo concepto a la prevención de que los adolescentes tengan acceso libre a los contenidos de Internet? Entrar en la Red, sin restricciones y a precios baratos, forma parte irreversible de la globalización. Que sus usuarios mayoritarios sean jóvenes se entiende, porque el acceso universal a la Red tiene apenas 15 años. El primer navegador cotizó en la bolsa de Nueva York en 1995 y, desde entonces, sus beneficiarios han sido los hogares de todo el mundo desarrollado, incluidos los países emergentes. Y sus posibles víctimas, también.
Nuestros adolescentes están sometidos a un nuevo riesgo, el del mal uso y el abuso consiguiente de los desaprensivos del acceso a la Red. Para combatirlo, la policía utilizará a sus agentes de proximidad, que recorrerán los centros de enseñanza secundaria y primaria de toda España con el fin de advertir a los escolares de cómo detectar que están a punto de ser víctimas de un delito real y no virtual como suponen. En el fondo, que aprendan a saber distinguir entre ficción y realidad. Los policías merecen apoyo en esta nueva labor, sin reticencias.
La iniciativa de la policía, similar a las fuerzas del orden de todo el mundo, ha de llegar a un millón de jóvenes el primer año de su aplicación. Pero en ningún caso debe ser considerada como sustitutiva de la que sigue siendo la principal responsabilidad de padres y educadores, que tienen a su alcance suficientes medios para ayudar a sus hijos o alumnos a navegar por Internet. Si hace 15 años me hubieran dicho que se iba a poder jugar al tenis en el salón de casa les hubiera tachada de locos, pero hoy con la tecnología wifi ya es posible. La revolución tecnológica está siendo tan vertiginosa que si te despistas unos meses quedas totalmente descolgado.
Ni a Julio Verne le hubiera dado tiempo a escribir sobre el futuro. Podemos hacer vídeo llamadas, ser dirigidos vía satélite, ver vídeos musicales, hacer fotos de calidad digital y conectarnos a la Red global de información que es Internet desde un pequeño aparatito de pocos gramos y menos centímetros que llevamos en el bolsillo. Los automóviles tienen cámaras, luces direccionales, sensores de lluvia y asientos climatizados y no muy tarde irán solos al destino marcado. Las casas son inteligentes, suben y bajan persianas, apagan y encienden luces y hay hasta frigoríficos que hacen la compra.
Se supone que toda esta tecnología se desarrolla sobre la base de hacer a los seres humanos cada vez más felices, pero lo que nos hace es cada vez menos libres. Si no tienes todos los aparatitos que salen al mercado eres un inadaptado social, pero si los tienes eres un esclavo. ¿Conoces a algún niño de 14 años que no tenga móvil de última generación, consola de videojuegos, MP3 o 4 y ordenador portátil conectado a Internet? Con lo que costaba en mis tiempos conseguir un balón, y hoy en día tienen de todo, incluso Internet, niños de corta edad.