De referente sanitario a edificio fantasma en tan solo cinco años

La Xunta impulsó la construcción del Cengas para luego dejarlo morir


Hasta hace pocos meses todavía se podía ver en una ladera de O Ceilán el enorme cartel que anunciaba el Hospital Cengas de Outes. De hecho, en las inmediaciones del lugar todavía hay señales que indican la dirección que había de seguirse para llegar al que era, por aquel entonces, el único hospital privado de Galicia situado en una zona rural. Unas modernas instalaciones que hoy, casi diez años después de su cierre, se han convertido en un complejo fantasma con alguno de sus edificios anexos prácticamente cubiertos por la maleza. En este momento solo está operativo el pequeño tanatorio que gestiona una empresa de la localida

d.

La aventura del Cengas (Centros Galegos de Saúde) se inició de forma oficial el 30 de mayo de 1995, tras la inauguración de Manuel Fraga Iribarne, paradójicamente el jefe del Ejecutivo al que la dirección del centro y su consejo de administración culparon de su cierre, cinco años después, al negarse en repetidas ocasiones a concertar servicios o a facilitar otra salida para un centro que, al parecer, habían promovido y dirigido desde la propia Xunta. Porque este proyecto había comenzado a gestarse mucho antes, concretamente en 1983, cuando el Concello de Boiro cedió 50.000 metros cuadrados al Insalud para la construcción de un hospital que diese cobertura a los 158.000 habitantes de 17 municipios de las comarcas del Barbanza y Costa da Morte. En 1992 todavía no se había realizado ninguna actuación en este sentido, por lo que los conselleiros de Sanidade y de Traballo alentaron, al parecer, la iniciativa privada para la construcción de un hospital comarcal en el marco de un sistema público mixto de sanidad, en este caso en Outes. Este proyecto, que también incluía otros dos centros menores en Boiro y Carnota, acabó dando un giro inesperado derivando en la constitución de las fundaciones públicas sanitarias que darían pie más tarde a lo que hoy son los hospitales de Barbanza y Virxe da Xunqueira de Cee. Así, lo que se inició como un proyecto que contaba con el respaldo de la Xunta, que además comprometió una subvención de más de 400 millones (de pesetas), con cargo a los fondos europeos Feder, acabó recibiendo de esa misma institución la puntilla definitiva a sus esperanzas de futuro.

Protestas ineficaces De nada sirvieron las querellas de los responsables del hospital contra el que era conselleiro de Sanidad, José María Hernández Cochón, el secretario y el director del Sergas o contra la directora de operaciones del Complexo Hospitalario Universitario de Santiago, a los que culpaban de obstaculizar, con sus actuaciones premeditadas, la actividad sanitaria en el complejo sanitario privado perjudicando con ello el acceso a la asistencia a parte de la población de la comarca. Inútiles fueron las repetidas acusaciones contra Sanidade de desviar pacientes al hospital «con cuentagotas» ni la denuncia contra el 061, ante el Tribunal de la Competencia, por trasladar lesionados de accidentes de automóviles hacia los centros públicos, cuyo pago correspondía a las compañías de seguros que sí tenían convenio con el Cengas. Tampoco tuvieron el efecto deseado las concentraciones llevadas a cabo en Outes y Noia, ni la presentación de más de 12.500 firmas ante el Valedor do Pobo, ni tan siquiera la huelga de hambre que durante ocho días mantuvieron parte de la plantilla de trabajadores y proveedores del centro.

El progresivo descenso del número de pacientes derivados del Sergas y de la demanda asistencial particular -en febrero de 2000 tan solo estaban ocupadas seis de las 125 camas disponibles- provocó bajas en el prestigioso cuadro sanitario y, poco después, el cierre definitivo de las instalaciones. Se cerraban así cinco años en los el hospital destacó por la calidad de los equipos diagnósticos de los que disponía y por la alta cualificación de su personal sanitario. Tanto es así que incluso se hizo un hueco a nivel nacional como el único centro que puso en marcha un pionero sistema contra la dislexia u otro para identificar y diagnosticar preventivamente las consecuencias del estrés. En el período que estuvo funcionando era habitual que los más prestigiosos especialistas gallegos en disciplinas como la cardiología, la endocrinología, la hematología o la ginecología y obstetricia pasasen consulta en el Cengas. El hospital ofrecía consultas de urgencias las 24 horas, además de otros 21 servicios, entre los que se encontraban las mamografías, ecografías, radiología general digital, escáner, análisis clínicos, microbiología, diálisis o rehabilitación. La última alusión de un responsable público al centro tuvo lugar el pasado mes de febrero cuando el, por entonces, vicepresidente de la Xunta, Anxo Quintana, señaló la intención de su departamento de convertir las instalaciones en una residencia para enfermos mentales. La inversión prometida rondaba los cinco millones de euros. La nueva Xunta de Galicia parece no querer saber nada de un recinto que, desde su mismo nacimiento, estuvo marcado por la mala suerte y el despropósito político.

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