«Somos amigas de toda la vida y en Rianxo nos reencontramos»

A. Hevia

BARBANZA

La amabilidad de los rianxeiros y la tranquilidad de la villa han propiciado el asentamiento de una pequeña comunidad de rumanos. La pionera fue Michelle Lefter, que regenta una tienda de complementos. Como otros compatriotas vino a España desde Bucarest, un poco por curiosidad: «Quería empezar una nueva vida fuera de mi país», afirmó Michelle.

Michelle regresó a la fría Rumanía y le fue fácil convencer a su amiga Dana Greceanu para que probara suerte en Rianxo, «donde había encontrado buena gente y seguro que le gustaría vivir en un sitio de bonitas playas y tiempo agradable. Dana llegó a España y, con su honestidad y su firmeza, en poco tiempo pasó de empleada a propietaria de varios negocios de hostelería. Por exceso de trabajo, ahora solo atiende un local de copas: «Somos jóvenes y queremos tiempo libre» dice.

Fue precisamente Dana quien animó a venir a Daniela Mirita, pero no vino sola, sino acompañada de su esposo, Constantino Toader, y el hijo de ambos, Sebastián, que llegó con ocho meses y ya es un alegre chaval de dos años y medio: «Mi marido trabaja en el monte cortando pinos. En Rumanía era chófer, pero ganaba la mitad que aquí», explicó Daniela.

Al igual que sus dos compatriotas, Daniela Mirita dice sentirse muy contenta de vivir aquí, y confiesa que sus platos favoritos son los langostinos y las almejas a la marinera. Dana, en cambio, elogia las empanadillas de la madre de su novio: «No sé cómo las hace, porque tienen un secreto, pero están buenísimas». Pero las tres coincidieron al afirmar que «somos amigas de toda la vida y en Rianxo nos reencontramos».

La comunidad rumana ha ido creciendo en el municipio rianxeiro en los últimos años, e incluso ha echado raíces, como Michelle, que acaba de ser madre de Cristian, de padre gallego. «Mi hijo es medio rumano y medio español». Las tres mujeres echan de menos a la familia y a los amigos, aunque ahora con los vuelos de bajo coste pueden ir a visitarlos más a menudo, siempre que el tiempo y el trabajo se lo permiten.