Amigos y vecinos se vuelcan con el empresario Juan José Fajardo Piñeiro con el fin de recuperar la actividad industrial en el menor tiempo posible
29 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.A Juan José Fajardo Piñeiro y a su entorno familiar y de amistades probablemente nunca se les borrará de las retinas el pavoroso incendio que redujo a cenizas una parte importante de treinta años de trabajo. El fuego se llevó mucho patrimonio material, pero dejó intacto el intelectual y el sentimental. El intelectual, porque no consiguió que en medio de la negra columna de humo se fueran las ideas; y el sentimental, porque este incluso ha salido reforzado de semejante trance.
El empresario está abrumado con la avalancha de solidaridad con la que se está encontrando. Si cuando las llamas aún estaban en plena vorágine los ofrecimientos de ayuda llegaron desde los más recónditos lugares, si desde las Administraciones se volcaron con el envío de medios, si la colaboración espontánea de empresarios y vecinos fue digna de alabar, lo que vino en los días siguientes al siniestro elevó la moral de un empresario que a las tres de la tarde del jueves veía el futuro de un color más oscuro que el humo de la combustión de sus instalaciones.
Ofrecimientos
El mismo jueves, colegas empresarios de Barbanza ya se pusieron en contacto con el propietario de J.?J. Chicolino para ofrecerle naves y locales que, en la actualidad, tienen en desuso. Los proveedores no solo comprendieron la situación de su cliente y se mostraron dispuestos a aplazar cobros, sino que alguno incluso se ofreció a colaborar económicamente. Los clientes, de quiénes depende en mayor medida el futuro de la compañía, pidieron a Fajardo que no arroje la toalla, que esperarán en la medida de lo posible para seguir manteniendo la relación comercial como hasta ahora.
En toda cuanta iniciativa solidaria surge relacionada con J.?J. Chicolino aparecen personas individuales y emprendedores interesadas en participar, en aportar su granito de arena. Pero si hay algo que anima especialmente a Juan José Fajardo es la actitud de sus trabajadores, parte de los cuales se pasaron el fin de semana activos, bien ordenando la documentación que salvaron del incendio, bien poniendo en funcionamiento las unidades de los ordenadores que, afortunadamente, sacaron de las oficinas en los primeros momentos del incidente, bien rescatando máquinas antiguas de lo poco que se ha salvado, y que probablemente permitirán reiniciar parte de la actividad en poco tiempo, bien contactando con clientes y proveedores...
La demostración de apoyo más palpable se produjo el domingo, cuando el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, acudió a Boiro. Primero se reunió con Juan José Fajardo y su familia en el domicilio de estos, donde adelantó lo que luego anunció sobre las cenizas de las instalaciones. Luego, el jefe del Ejecutivo gallego se desplazó a Vilariño, y allí pudo ver en persona tanto el apoyo de los trabajadores a su jefe como el de gente que, a título individual, acudieron al lugar para dar apoyo al titular de J.?J. Chicolino, a su familia y a los trabajadores.
La ola solidaria parece que no cesa, porque cada día se suceden las llamadas a allegados del damnificado preguntando «¿que podemos facer?». Todos ellos llevan en volandas a todo lo que conformaba el grupo de empresas con el fin de que vuelva a ser lo que era lo antes posible.