Casi medio centenar de bólidos tomaron la salida en el Jran Prix de Carrilanas, pero la mitad no llegaron o cruzaron la meta siendo empujados por los peñeiros
21 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.«Aquí non se trata de chejar o primeiro, senón de chejar». Así explicaba una dorneira cual es el espíritu del Jran Prix de Carrilanas y así lo pudieron comprobar, la tarde del domingo, las numerosas personas que se dieron cita en Ribeira. La Costa da Mámoa volvió a oponer gran resistencia y la mitad del casi medio centenar de bólidos que tomaron la salida en la prueba o no cruzaron la línea de meta o lo hicieron siendo empujados. Eso sí, no faltaron la originalidad ni la diversión.
El cansancio de la noche anterior, en la que numerosos jóvenes abarrotaron los locales de movida de la ciudad hasta altas horas de la madrugada, no hizo mella en los dorneiros, que demostraron estar en plena forma. Carrilanas veloces, de esas que hacen que el público que sigue invadiendo el asfalto se retire, hubo pocas, pero ello incluso contribuyó a mejorar el espectáculo.
Y es que algunos peñeiros tuvieron que sudar las coloridas camisetas dorneiras para conseguir que sus bólidos cruzaran la meta, aunque fuera a empujones. Hubo incluso quien no dudó en hacerlo con las piezas de su artefacto en la mano, ya que de lo que se trataba era de llegar.
El imprescindible ratón
Aunque todas las carrilanas fueron aplaudidas, desde las más sencillas hechas a base de madera hasta hasta el ya mítico ratón, que, por cierto, fue de las que pasaron como un rayo, hubo varias que, por su original forma, marcaron la historia de esta del Jran Prix.
Consiguieron dejar al público con la boca abierta un bólido en el que viajaban el rey de los mares Neptuno, el coche deportivo de color amarillo que parece estar llamado a convertirse en otro clásico de esta carrera, un pequeño castillo medieval y un carruaje engalanado con motivo marineros, con los caballitos de mar incluidos.
Pese a que la prueba se prolongó durante más de una hora, el interés del público se mantuvo hasta el final. Y es que las dos carrilanas que bajaron en última posición lo hicieron con espectáculo incluido. Una de ellas se paró antes de llegar a la meta para homenajear a Michael Jackson, con baile incluido, y de la otra impactó a los presentes su gran chimenea, de la que salía humo naranja.