El temporal de ayer poco tuvo que ver con el de finales enero, aunque las duras secuelas del ciclón hicieron temer mayores consecuencias en la capital gallega
10 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Los compostelanos que tuvieron que madrugar para acudir a sus puestos de trabajo se despertaron a golpes de rachas de viento. A eso de las seis de la mañana, el zumbido del viento sirvió de despertador para los cientos de trabajadores de las fábricas del Tambre y de otros puntos de la ciudad, que llueve, truene o relampaguee tienen que acudir a sus puestos de trabajo con puntualidad británica.
Tras este momento de fuerte viento, la calma se apoderó de la ciudad hasta las doce del mediodía, cuando el anemómetro del Campus Sur empezó a subir sus mediciones. De 50 kilómetros por hora pasó en poco más de una hora a 80 y, cuando muchos de los trabajadores que fichan a las seis de la mañana se disponen a tomar sus coches para regresar a casa después de ocho horas de jornada laboral, las rachas de viento llegaron a los 91 kilómetros por hora. Tras más o menos media hora de azotes, el viento recuperó la calma poco a poco. Ya por la tarde, el temido temporal pasó de largo casi sin pena ni gloria.
Las consecuencias, a la espera del recuento final, fueron escasas. Una farola en la zona de San Caetano, tocada ya por el ciclón «Klaus», se vino abajo definitivamente; algunos carteles que soportaron los 120 kilómetros de enero amenazaron con desplomarse. Las tejas, que quedaron maltrechas por Klaus, se vinieron abajo con el temporal de ayer.