Son muchos los lugares en los que se acumula el agua en los días de lluvia, afeando la zona monumental noiesa y obligando a los peatones a fijarse donde pisan
05 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Algunas calles de Noia son un río. O eso es al menos lo que parecen en cuanto las precipitaciones hacen acto de presencia, y no digamos si estas son persistentes, como sucede este año. Tanto es así que algunos ciudadanos de la localidad están casi decididos a federar el deporte noiés por excelencia: el salto de charcos. Y es que cuando las lluvias comienzan a caer con persistencia, pasear por algunos de los lugares más concurridos de Noia, como por ejemplo la Alameda o cualquiera de las calles del casco antiguo, se convierte en todo un riesgo. Al mínimo descuido los viandantes pueden toparse con un charco que deja inservibles sus zapatos.
«Cuando llueve tenemos que ir esquivando los charcos que hay por las calles. A las personas que tenemos casas en el casco histórico nos obligan a usar determinados materiales, y luego el Concello tiene las calles como les da la gana», se lamenta una residente de la villa.
Si a esto le sumamos que en ocasiones los propietarios de las casas descuidan las obras de mantenimiento en los canalones que recogen el agua de los tejados, la cosa todavía se torna más complicada, pues no son pocos los casos en los que los canales vierten la gota gorda directamente a las calles.
En otros casos, los que se descuidan son los técnicos municipales, ya que algunas alcantarillas de la localidad en lugar de recoger el agua y canalizarla hacia la ría, lo que hacen es expulsarla a la calle, con lo que los comerciantes están hartos de ver como la entrada a sus tiendas se convierte en una pequeña piscina. «Esta alcantarilla lleva varios días sin recoger el agua. Cuando hubo el temporal iba a avisar a Protección Civil pero consideré que era mejor esperar unos días porque tenían otras cosas que hacer. Pero ahora tendré que llamarles», señalaba la gerente de un establecimiento comercial de la calle Cantón. Lo mismo sucede unos metros más adelante de la parada de taxis o al lado de los contenedores que hay en la calle de la Calzada.
Pero esto no es todo, ya que los charcos no son la única amenaza para los viandantes. El mal estado de las carreteras y el poco acierto en la colocación de las alcantarillas hacen que el agua se acumule en determinadas zonas de los viales y que los coches salpiquen a los peatones.
Ante esta situación, el Concello intenta poner remedio destinando a dos hombres, exclusivamente, para la limpieza de sumideros y registros de agua.