Crecer en una fábrica de barcos

Marta López Tejerina

BARBANZA

La casa de los Blanco está situada sobre la nave de Astilleros Aguiño, el negocio familiar fundado por Ramón Blanco y en el que trabajan sus hijos

31 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Todo comenzó en el año 1970, cuando Ramón Blanco Fajardo decidió, junto a dos amigos, abrir una carpintería en el puerto de Aguiño. Poco a poco, a base de trabajar duro, los tres socios fueron construyendo las instalaciones de lo que hoy conocemos como Astilleros Aguiño. En 1971 salió al mar el primer barco nacido en la empresa, el Intxa-Urrondo.

Desde muy pequeño, Ramón aprendió a manejarse con soltura en las tareas de soldadura y carpintería: «Eu empecei nun taller cando tiña 14 anos traballando á machada, manualmente. Despois xa chegaron as máquinas, que facilitan moito o proceso, aínda que hai que saber usalas debidamente».

Herederos

Astilleros Aguiño, una de las primeras carpinterías de ribeira que se crearon en Barbanza, sigue siendo el principal taller de reparación de embarcaciones de la zona. «Fai anos que non construímos barcos, pero facemos todo tipo de arranxos: repoñemos pezas que se gastan polo uso, renovamos a estrutura, pintamos e tamén restauramos naves antigas», explica Moncho, el hijo mayor del fundador del negocio. Él y su hermano Jorge heredaron las responsabilidades del astillero, ahora que su padre se ha jubilado. Siendo unos niños, los dos empezaron a ayudar a Ramón con el trabajo, algo que para ellos suponía una distracción, ya que les gustaba mucho: «Ata nas vacacións viñamos aquí a traballar».

Y es que viviendo encima del taller, difícilmente podían escaquearse de echar una mano. «A nosa casa está xusto enriba da nave, e ademais temos a praia ao lado, así que sempre pasabamos o tempo xogando nos barcos e curioseando no traballo do noso pai e dos demais operarios», cuenta Jorge, que se encarga, sobre todo, de las tareas relacionadas con la carpintería y la mecánica. Su hermano Moncho estudió soldadura y calderería, así que ambos se complementan para sacar adelante todos los encargos.

Experiencia

A pesar de estar jubilado, Ramón no puede evitar bajar cada día al taller para aconsejar a sus hijos y dar su opinión sobre los trabajos que realizan. Ellos agradecen mucho su apoyo y aseguran que siempre tienen en cuenta sus palabras: «A experiencia vale moitísimo á hora de afrontar un traballo. Hai cousas que nós nunca fixemos e os consellos do noso pai sérvennos de gran axuda».

Para Ramón es todo un orgullo que sus hijos hayan continuado con el negocio familiar: «Estou moi contento de que queden eles. Ademais lévano moi ben».

El trabajo en el astillero suele acumularse durante el verano, época en la que la mayoría de las embarcaciones pasan su revisión anual. «O que máis facemos é pintar e arranxar algúns desperfectos da cuberta e da estrutura», explican los dos hermanos.

Moncho habla con ilusión de un encargo que llevarán a cabo este invierno. Se trata de la restauración de un antiguo barco velero: «Déronnos unha fotografía da nave para que vexamos como era antigamente e como temos que deixala. Haberá que renovar a cuberta, colocar os mastros para as velas... É un traballo bonito, máis artístico que o que adoitamos facer».