08 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.
Soportar el feísmo que suponen los cables eléctricos y telefónicos peregrinando por las fachadas de las casas y los parajes naturales tiene un pase, porque canalizar los servicios tiene un precio y nadie quiere quedarse sin agua o teléfono. Pero que se mantengan los postes de los viejos telégrafos que están obsoletos e inutilizados es ridículo. Y, encima, como se demostró en Palmeira, es un peligro.