Niños que ya son exploradores

María Hermida
María Hermida RIBEIRA

BARBANZA

SIMÓN BALVÍS

Reportaje | Excursión de los alumnos de Prescolar na Casa Armados con lupa y brújula, un grupo de 36 críos desembarcó ayer en el estuario del Coroño para observar las aves y, además, investigar los distintos insectos del lugar

11 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

El llamado Prescolar na Casa tiene muchas cosas buenas: los pequeños de menos de 3 años reciben una atención personalizada y apenas tienen que desplazarse para que una maestra les enseñe sabias cosas. Por eso, hasta cien familias de la comarca de Barbanza están inscritas en ese proyecto, del que lleva la batuta Eva Sampedro. Sin embargo, hay un detalle que se le escapa a la iniciativa: son pocas las veces que estos niños pueden ir de excursión con un buen número de chavales de su misma edad, ya que no es tan fácil reunirlos como a los que están en un colegio. Ayer quedó demostrado que con esfuerzo todo puede ser: 36 pequeños de este programa educativo recorrieron Boiro. A media mañana, y acompañados por padres, madres e incluso abuelos, las sonrisas de este gran grupo de pequeños se colaron en el salón de plenos municipal. Allí les recibió el alcalde, Xosé Deira, quien, adaptándose a la edad de los niños y también a sus ansias por salir de excursión, fue breve y se limitó a recordarles que todo lo que aprendan ahora lo recordarán a lo largo de buena parte de su vida. Numerosos regalos Tras las palabras del regidor, llegó uno de los mejores momentos del día: los regalos. Y es que desde los departamentos de Turismo y Medio Ambiente municipales boirenses quisieron que la actividad de los pequeños tuviese un carácter didáctico y, por ello, no dudaron en regalarles un completo equipo de explorador, donde no faltaron ni lupas ni pequeñas brújulas. Armados con las lentes aumentativas, los pequeños desembarcaron en los observatorios de aves situados en el estuario del río Coroño. Cierto es que, ayudados por sus acompañantes, divisaron algunos pájaros. Sin embargo, haberles regalado las lupas sirvió para que pasasen buena parte de la mañana mirando al suelo e investigando las distintas hormigas e insectos que encontraban. La corta edad de los niños, que no sobrepasan los tres años, no fue excusa para que no se utilizase la brújula. Las responsables de la actividad se sacaron de la manga un juego para que todos se familiarizasen con el artefacto que marca las coordenadas. Consistió en esconder varias piñatas con caramelos por el entorno y animar a los niños a buscarlas orientándose con las diminutas brújulas. La actividad acabó de la mejor de las maneras: con los pequeños comiendo todos los caramelos hallados. Así se cerró una excursión que tuvo su primera parte la semana pasada, cuando los niños visitaron el molino de Bealo.