MAXIMALIA | O |
20 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.Y BUENO, pues que diría Serrat. Otro músico, otro artista grande de esta villa grande que se nos va. Estaba a punto de reventar la primavera, a pesar de los aires y las aguas traicioneras de última hora, que no son otra cosa que los estertores del invierno. Prudencio Romo no ha llegado a verla y se muere con el invierno, dejando que el sol tibio de las futuras mañanas asome tras los montes de Argote donde tantas veces inspiró su música. Hace cincuenta años que se fueron de aquí con sus instrumentos bajo el brazo camino de Vigo, que no de Compostela, Prudencio, su hermano Alberto, Ricucho Paisal, Pepe Sarmiento, Paco, Manolo Paz y Germán Olariaga camino de la gloria. Allí, frente a las Cíes, comenzó Prudencio a intuir lo que podía llegar a ser la historia, la aventura de su vida. Allí, en las noches de La Marquesina, antes de viajar al sur, Casablanca, Marraquech, Orán, como en una bola mágica, vio Prudencio lo que la música iba a hacer con su espíritu. Hasta el día de hoy. Por el camino fueron quedando los camaradas que pusieron en pie al Olimpia de París y se fueron añadiendo los nuevos, los que llegaron a abrir la puerta soñada de la fama. La puerta de oro que conduce a la gloria. Los que ahora, bajo el manto protector de Prudencio, son Los Tamara. Pero ya en el mundo sideral, sin duda Prudencio compondrá un scherzo para los viejos compañeros de aventura que tuvieron el valor en los años cincuenta de romper las fronteras del miedo a lo desconocido y, con el zurrón de trotamundos al hombro, salieron de Noia la ilustre, camino de la morada de las musas. Sinfonía de los astros Se nos ha ido al firmamento, a pasear por la vía láctea, Prudencio Romo. En las noches claras del próximo verano, podremos verle dirigir la gran sinfonía de los astros que le vieron nacer suspendido en la luz de las estrellas. Allí nos esperará para invitarnos al gran concierto final que dura toda una eternidad. En los atriles de los jóvenes músicos que Prudencio formó, si uno se fija bien, podrá siempre visitarlo. Porque lo magnífico de Prudencio es que permanece ahí. Siempre fue, es y será un hombre inscrito en un pentagrama.