El hogar, un lastre para la igualdad

Xoán Ramón Alvite Alvite
X. R. Alvite CORRESPONSAL | RIBEIRA

BARBANZA

Análisis

26 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Una vez más, el lugar de residencia vuelve a ser un lastre, en muchos casos insalvable, para acceder en igualdad de condiciones a las infinitas posibilidades que ofrecen las llamadas tecnologías de la información. Carecer de banda ancha -infinidad de núcleos ni siquiera disponen de una conexión universal básica- vuelve a dejar sin ayudas a multitud de hogares de la zona. Anteriormente ya había pasado lo mismo con unas subvenciones estatales para la compra de equipos. También se requería la contratación de una línea ADSL. También tuvieron problemas en su día más de un millar de ganaderos que precisaban consultar los datos de sus fincas para acceder a las ayudas europeas para los cereales. Igualmente ocurrió con los padres de alumnos de ESO que querían acogerse a la campaña de Educación para la adquisición de ordenadores. En ambos casos, la solución pasó, bien por dotar a los ayuntamientos de conexión y que éstos ayudasen con los trámites, o, en el peor de los casos, por instar a los interesados a que se buscasen la vida de otra forma. Mayores Ahora, además, pueden salir perjudicados aquellos mayores que, en circunstancias normales, podrían acceder a un sistema de teleasistencia informática y que, por vivir en una esquina, alejada para bien o para mal del mundo globalizado, lo verán pasar de largo. Muchos de los políticos que ahora tienen responsabilidades de gobierno, al igual que hicieron otros en su momento, se llenaron la boca con propuestas de mejora del área rural. Era objetivo prioritario, al parecer, consolidar la población en el campo. Parece que nada de lo que se ha hecho hasta el momento, si es que se ha hecho algo, ha funcionado. Desde la Consellería Industria se resume la situación como un «problema de infraestructuras». Para entendernos, lo mismo que con las carreteras, la electricidad, el saneamiento de los núcleos o el tren. Un tren que, en muchos sentidos, parece que estamos perdiendo.