DESDE FUERA | O |
22 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.COMO SI predeciésemos la final del mundial en el último minuto, por penalti injusto; así me quedé al escuchar al médico. Sostenía el facultativo, tras las pruebas y reconocimientos de rigor, que estaba en perfecto estado de salud y que los problemas que le planteaba eran derivados de otro campo menos científico: la política. El asunto se remonta al 11 de mayo del presente año, cuando leí una noticia en La Voz de Galicia según la cual cierta empresa constructora empezaba a derribar un ático para legalizar una obra. Pero se añadía que ya se había paralizado ese derribo mientras los técnicos municipales no determinasen el alcance del mismo mediante un estudio de detalle. La reseña se aderezaba con las declaraciones del concejal de turno sobre su firme convicción en la tolerancia cero con las infracciones urbanísticas, y tal y tal. Pues bien, a pesar de que observaba cada día si veía algún vestigio del derribo, no fue quién de encontrarlo. Es más, los tres áticos continuaron su proceso y de esqueleto desnudo pasaron al traje de ladrillo, tan solo pendientes del maquillaje de piedra. Ante esta situación, como una se fía más de sus representantes políticos que de sus propios ojos, acudí rauda a la consulta del oftalmólogo pensando en una ceguera galopante. Sorteando la lista de espera por la banda privada confié mis cuitas al especialista ocular. Y ahora, con los resultados en la mano, el dictamen es inapelable. Cabizbaja vuelvo a Boiro pensando en las posibles explicaciones, sin consuelo, con el dolor de la verdad. Ya en la playa de Barraña, de rodillas en la arena digo: «¡Malditos seáis, lo habéis hecho!», que espetó Taylor -Charlton Heston- delante de los restos de la estatua de La Libertad. A lo que añado de mi cosecha particular: ¡Habéis acabado con la inocencia urbanística de una humilde ciudadana! Todos a una, como en Fuenteovejuna.