Poco optimismo

| MONCHO ARES |

BARBANZA

LOS DATOS sobre las listas de espera del hospital comarcal son alentadores, en parte, y muy preocupantes, por otro lado, porque mientras se nos presenta una reducción media de días de demora se añade que ahora hay más gente a la cola que en diciembre. Ya me tarda a mí el cumplimiento del anuncio de su integración en el Sergas, porque decían que esa era la clave para mejorar su funcionamiento. Los usuarios aún no han percibido nada que invite al optimismo. Sigue por ahí el sistema de ir por urgencias a Santiago, para que a uno lo atiendan sí o sí. Pero el truquillo tiene sus contraindicaciones: primero, porque se satura el servicio con dolencias que no lo necesitan; y, segundo, porque, en muchos casos, los listos se ven obligados a desistir cuando ven que pasan las horas y siguen olvidados en una silla de la sala de espera. Hay que dar tiempo al cambio, pero éste parece lento.