Reportaje | Despedida del Carnaval Cientos de personas acompañaron a los símbolos del entroido que sucumbieron a tantos días de celebraciones en forma de sardinas, de felipes y toribiños
01 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.La alegría de los últimos días tornó ayer en toda la zona en lamento, en un hondo pesar porque los carnavales han hecho las maletas para emigrar, con la intención de no regresar hasta el próximo año. Tan sOlo queda el consuelo, para los amantes de estas fiestas populares, del sábado de piñata. Lloros y plegarias, compuestos con una densa dosis de ironía y sarcasmo, resonaron ayer en las calles de toda la comarca. Las comitivas de plañideras atrajeron la atención de los cientos de barbanzanos que abandonaron sus calientes hogares y no dudaron en retar al frío para acompañar a don Carnal, en sus más diversas y ocurrentes manifestaciones necrológicas, a lo largo de su particular vía crucis. Lo cierto es que se mire por donde se mire el carnaval de Barbanza, lo que se extrae como conclusión es que en todas sus esquinas practican la incineración como método infalible para enviar al otro barrio al espíritu de la jarana, al que no se volverá a invocar hasta el año 2007. Donde sí se perciben diferencias, lo cual es de agradecer, es en el córpore in sepulto . En Noia y Outes se mantienen fieles a la tradición de chamuscar una sardina, de pega, huelgan las aclaraciones. En la comarca de Barbanza, en cambio, gustan más de dar vuelta y vuelta en las llamas a estrambóticos personajes. El difunto responde en Ribeira, al igual que en O Son, al nombre de Felipe; mientras que los rianxeiros conocen al suyo por Toribiño y los de Muros honran las exequias de Facundo. El caso es que todos ellos desaparecieron ayer del mapa, con posterioridad al ocaso. Como novedad, en Noia se veló la sardina, un ejemplar de material sintético de unos cuatro metros de largo, en la plaza de O Tapal en vez de en O Curro, como se había hecho en años anteriores. El Concello invitó a chocolate con churros a los asistentes al velatorio antes de emprender rumbo al paseo marítimo, donde se quemó. En la villa sonense, una edición más, le tocó al carpintero Manuel García dar forma al Felipe, que quedó hecho cenizas en O Tendedeiro. Los de Outes eligieron la plaza de O Bosque para enterrar a su sardina. Mientras, en Muros el séquito de lloronas que arropó al Facundo tomó la salida pasadas las seis de la tarde, recorriendo parte del casco urbano. Multitudinarios fueron todos estos sepelios, como lo fueron también los de Ribeira y Rianxo. En el primero de los casos, la caja que portaba al malogrado Felipe cubrió la distancia que separa la calle de Portugal de la plaza de Os Mariñeiros, acompañada de decenas de fieles penitentes. Los rianxeiros emprendieron la trayectoria fúnebre en el Liceo Marítimo. La nota discordante la pone Boiro, donde el entierro será el domingo.