Reportaje | El día después Los operarios municipales se afanaban ayer en retirar los árboles caídos, al tiempo que se apuraban los trabajos para reponer tejados que resultaron dañados por el viento
20 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Pese a que el chubasquero siguió siendo ayer un elemento casi imprescindible para salir a la calle, puesto que la lluvia volvió a hacer acto de presencia -en algunos puntos de la comarca incluso en forma de granizo-, una relativa calma dominó la jornada. La tranquilidad meteorológica permitió a concellos y particulares ponerse manos a la obra para reparar los destrozos provocados por el temporal registrado en el fin de semana. Los trabajos de restitución de los bienes dañados eran principalmente visibles en Boiro, el municipio barbanzano con el que más se cebó el fuerte viento que azotó el litoral de la comarca el sábado. Los miembros de Protección Civil aseguran que durante la tarde y la noche de esa jornada se vieron obligados a retirar decenas de árboles que impedían el paso en las carreteras que discurren por el término, entre ellas, la vía autonómica. Ayer, un nutrido grupo de operarios municipales se afanaban en retirar los troncos y las ramas que el viento segó en el pinar de Praia Xardín y a lo largo del paseo marítimo de Barraña. Sólo en estas zonas, el temporal hizo añicos una treintena de árboles. También trabajaban a marchas forzadas los obreros encargados de reponer el tejado de la vivienda sobre la que cayó una grúa. El inmueble estaba cubierto con una lona desde la tarde del sábado pero, provistos de ladrillos y cemento, varios albañiles se empleaban a fondo para reparar cuanto antes los daños ocasionado por el espectacular accidente. Los vecinos de la avenida de Ferrol, en Ribeira, que vieron cómo volaba el tejado de su casa, también aprovecharon la tregua de ayer para iniciar los trabajos de reposición de la cubierta. A tareas similares dedicaron buena parte de la jornada varios ganaderos de Mazaricos. Su objetivo era reparar los graves daños ocasionados por el viento en los tejados de sus galpones. La normalidad también reinó en el colegio de Cespón pese a que un rayo dejó inservible el cuadro eléctrico del centro. Aunque en un primer momento se temía que fuese necesario suspender las clases, los operarios del Concello boirense lograron restituir el servicio de forma provisional, por lo que los chiquillos ocuparon sus pupitres como cualquier otro día. La frenética actividad que se registraba ayer en algunos puntos de la comarca contrastaba con la calma que al fin llegaba a las sedes de protección civil y a los parques de bomberos. Para estos cuerpos, el fin de semana fue demasiado movidito.