El Alejandro ya es historia en Palmeira

Ramón Ares Noal
Moncho Ares RIBEIRA

BARBANZA

FOTO GONZÁLEZ

Crónica | Cierre de un mítico local Alejandro Lojo llegó a la segunda población ribeirense en importancia en 1960 y, desde entonces, regentó el bar que lleva su nombre y que cerró sus puertas al público este año

27 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

La primera vez que el que suscribe entró en el bar Alejandro le llamó la atención lo pequeño que era, el escrupuloso orden de las botellas en las estanterías, el empeño del propietario por mantener limpia la barra y las mesas de las húmedas huellas de los vasos y las botellas, la familiaridad con la que atendía a todos, tanto para sellar la primitiva como para servir el chato furtivo que interesaba el titular del boleto... pero, por encima de todo, los ojos azules y sinceros del que daba nombre al establecimiento, Alejandro Lojo Castillo, quien no paraba de hacer viajes desde detrás de la barra hasta la mesa de tute, satisfaciendo tanto a sus amigos amigos como a sus amigos clientes. El bar Alejandro permaneció 45 años refrendado amistad desde que su titular llegó a Palmeira, de la mano de su señora, María Teresa Olveira Pérez, la sensatez en persona, el necesario equilibrio que requiere todo hombre bueno. El local se ha ido despidiendo del público como lo hacen quienes no quieren hacer daño con su ausencia: poco a poco. A medida que el calendario del 2005 fue perdiendo sus hojas, las puertas se fueron entornando más y más, pero Alejandro Lojo no deja de ir cada día a detrás de su barra, quizás para recordar los buenos y malos momentos de casi medio siglo de historia, o puede que a la espera de que algún amigo amigo o amigo cliente llegue a la puerta para satisfacer la nostalgia, y se abra de par en par con el fin de reverdecer laureles. Las paredes del bar Alejandro están igual que hace un año, dos, tres... las mismas fotos de la Palmeira antigua y de la más reciente, la del tabernero con sus amigos y con los brazos tan abiertos que invita a entrar en su casa, en su mundo, en el bar, en su enorme corazón. Alejandro Lojo estrenó los años sesenta despidiéndose de su Boiro natal, donde aún hoy le recuerdan con cariño, y se estableció en Palmeira, la patria de su esposa, donde se ha ganado un puesto en ese lugar que los pueblos suelen reservar a sus hijos, aunque éste sea adoptivo. En las estanterías del bar quedan cuatro botellas para cura de los nostálgicos. El 2005 se llevó el establecimiento, pero dejó a un hombre bueno más libre.