Desaforo insolidario

| MONCHO ARES |

BARBANZA

QUE EXTRAÑA sensación la de la Navidad de ahora. Más que la conclusión de un año o ser fechas de reencuentros, parece que el mundo se acaba, y, por ello, se nos da por comprar ingentes cantidades de lo que sea, nos apresuramos a saludar a todo hijo de vecino, como si el fin de los tiempos estuviera tan cerca que hay que limpiar las conciencias. Decenas de tarjetas, mensajes SMS, correos electrónicos, llamadas de teléfono... innumerables comunicaciones que nos hacen sentirnos bien por el deber cumplido, y no reparamos que, en realidad, contribuimos a que las suministradoras de estos servicios hagan su agosto en diciembre. Si todo el desaforo consumista que nos invade lo concentráramos en hacer el bien de verdad, el bote que reuniríamos contribuiría a reducir el hambre en el mundo, la expansión del sida en países tercermundistas... a que la vida fuese más agradable.