LA LLAVE
22 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.DENOMINAR PINTORES e incluso grafiteros a quienes se dedican a embadurnar paredes, señales y mobiliario público es faltar al respeto a la noble profesión de los de la brocha gorda y del pincel, y hasta a esos artistas contemporáneos que alegran vetustos y sucios muros con creaciones dignas de estar en mejores salas. Decía un viejo profesor que el nombre de los burros se escribe en todas partes. Con ello pretendía disuadir a aquellos alumnos que acostumbraban a ilustrar las puertas de los váteres con el apelativo que en gracia le habían otorgado sus padres y ratificado los padrinos. Por eso me permito llamar pintones a estos anónimos que suelen actuar en la oscuridad de la noche. Se sentirán legitimados porque sus representantes públicos utilizaron (y utilizan) el mismo sistema para expresar diferencias y proclamas, y en esto bien es verdad que las hay de todo signo.