Millones

MAXI OLARIAGA

BARBANZA

DESDE FUERA | O |

22 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

SE DICE que el dinero llueve. Una lluvia de millones... No, no. El dinero nieva. Nieva sobre las ciudades, los pueblos y las aldeas. Nieva sobre los corazones y hiela la sangre alterando la vida. Un relámpago helado atraviesa el torso de los seres humanos, un carámbano de luz tan densa que parece imposible no atraparlo entre las manos. Nieva dinero en Noia y la gente nos exponemos a la nevada desnudos sin la menor vergüenza ante el vecindario. No se nota nuestra desnudez pues al fin todos la mostramos persiguiendo un sueño imposible. Todos sabemos qué hacer con semejante nevada. Todos tenemos planes para invertir el frío sueño de la fortuna. Hacemos cábalas y de pronto olvidamos la vida real para, por un momento, ser el otro, aquel a quien la suerte tocó la frente con su dedo de oro. Llegamos a despreciarnos tanto como para creer en la crueldad del destino. Culpamos al destino ya que hace mucho tiempo que nos hemos acostumbrado a culpar a los demás de nuestros errores. Por la herida abierta que en el tórax dejó el carámbano, entra enseguida la envidia y durante un par de noches no nos deja dormir. Nuestro primer pensamiento al levantarnos es el mismo que aquel con el que nos acostamos. ¿Por qué no yo, por qué no a mí? Pasada la fiebre, disminuye la hemorragia de la herida y la cicatriz cierra sus puertas. No del todo. Siempre queda un poro, una rendija por la que seguiremos respirando el aire viciado de la morbosidad. Aquel que a los dos días de la nevada se fue a Canarias, es ahora el sospechoso aunque tuviese programado su viaje dos semanas antes. Aquel otro que se compra un piso o un automóvil también es sospechoso aunque sepamos con certeza que el piso ya lo adquirió hace un año a la constructora y el coche lo encargó al concesionario hace dos meses. Sospechoso. Menudo adjetivo. Es un insulto, casi un ultraje.