Saqueo

MAXI OLARIAGA

BARBANZA

DESDE FUERA | O |

13 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

NO ES fácil caer. Lo supo aquel boxeador primitivo al que un cínico Humphrey Bogart acuciaba en el filme Más dura será la caída . Bogart fumaba y maldecía en el rincón del ring, y al hombre caído se le cosía al paladar el protector con el engrudo de la sangre coagulada. La sangre era roja y los dólares verdes. La lona era blanca y el sudor negro. La chusma vociferaba jaleando la cuenta del árbitro, un petimetre que se sentía el dueño del mundo. Los caídos miran desde el fondo de sus ojos a los ojos de los que se alejan de él. Sus amigos niegan haberle conocido. «No sé de que me hablas. No recuerdo haber comido a tu mesa». Y aún aparecerá el ser humano presto al expolio final. Desde los expléndidos buitres leonados hasta los inocentes gusanos cierran el círculo de la ley natural. No así el ser humano que rasga el círculo desde los altos despachos hasta la presuntuosa casa de los envanecidos. Zarpas de hielo. Lo hemos visto en Nueva Orleans (¡qué bella ciudad!) y también sobre la aspereza pétrea de Cabo Vilán. Saqueo, violación, muerte fría. Los seres humanos alardeamos de nuestra perversidad y sólo los locos, pobres, ayudan a los caídos. Eso descubre el que cae solo entre la multitud. Demasiado tarde.