El monte

| MONCHO ARES |

BARBANZA

RECUERDO UN monte sin fin donde introducirse entre los árboles era algo parecido a penetrar en un túnel del tiempo. Perdida en la frondosidad de los pinos, siempre encontrabas a la mujer de negro con un cesto cargado de batume sobre su cabeza, en una demostración de equilibrio que ya quisieran hoy muchos malabaristas. El terreno estaba limpio de picaños y helechos, porque eran la base de las cuadras de los animales. Encontrar una piña era todo un acontecimiento porque su uso era clave para encender las cocinas de hierro o para prender el fuego de las lareiras. No había redes de espino en aquel monte, ni los vecinos se peleaban por su dominio, el ganado campaba libre, el interés urbanístico estaba lejos, en las villas... aquel monte no ardía ni cuando el paisano quemaba rastrojos en pleno agosto, los pirómanos estaban en el diccionario... era un monte sin intereses... y no se quemó.