Reportaje | Exhibición de equilibrismo en O Son Cerca de mil personas quedaron fascinadas por la actuación gratuita que ofreció el Circo Acrobático Nacional de Pekín en la explanada sonense de O Tendedeiro
23 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.La creencia de que los magos proceden de Oriente se cumplió anteayer para muchos en la explanada de O Tendedeiro, en el municipio sonense. Aquí, en la zona portuaria, no desembarcaron sus majestades porque no tocaba, pues no era 5 de enero; pero sí lo hicieron otros reyes de la magia y del equilibrismo, unos indiscutibles portentos made in China. La Diputación de A Coruña, la entidad financiera Caixanova y el Ayuntamiento de O Son conjuntaron sus fuerzas para hacer posible que el Circo Acrobático Nacional de Pekín hiciera escala en tierras barbanzanas -en otras regiones de España, sólo actuaron en grandes ciudades-. Pero además, esa conjunción se anotó otro tanto a tener en cuenta y es que el espectáculo no supuso gasto alguno para los espectadores; el acceso era libre. Quizás ese factor influyó para que la función registrara una masiva afluencia de público que fuentes del Concello sonense cifraron en cerca de mil personas, procedentes algunas de ellas de Noia y de otras localidades de la comarca. La actuación dio comienzo con media hora de retraso porque los artistas, una veintena, esperaron a que se hiciera de noche para que los números no perdieran la vistosidad que les proporcionaban los efectos lumínicos. Una niña que portaba un candil actuó de hilo conductor, transportando a los espectadores por todo un mundo de fantasía, en el que la música, la danza, el teatro y el vestuario adquirieron un protagonismo especial. El viaje surcó más de diez pases, con un descanso intercalado de quince minutos. Al poco de empezar, el que menos y el que más ya abría la boca de estupor o se tapaba los ojos ante el temblor que recorría el cuerpo al ver a unas frágiles criaturas contorsionándose hasta la extenuación o dando giros, cual libélulas, acostadas sobre la planta de un pie. Los aplausos no se hicieron de rogar. Como los que se llevó uno de los componentes del elenco que, tentando a la ley de la gravedad, llegó a tener hasta siete raquetas haciendo piruetas en el aire. El público cayó rendido a los pies del circo a medida que aumentaba el peligro. Una de las demostraciones más aclamadas fue aquella en la que se pudo ver a acróbatas apoyadas con un pie sobre la cabeza de otras o en la que una joven sostenía sobre sus hombros un enorme soporte con tres niñas en la cima. También gustó mucho el número final, con diez chicos atravesando unos aros y trepando por unas barras en las que hacían virguerías.