No hablo, no oigo, no veo

RAFA G. GARCÍA

BARBANZA

DESDE FUERA | O |

12 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

VINIERON LOS sarracenos y nos molieron a palos, que Dios ayuda a los malos cuando son más que los buenos. Esta coplilla, de autor para mí desconocido, dice mucho de la actual situación política y social que, como si de una grave enfermedad se tratase, nos aqueja en estos farisaicos tiempos. Tiempos que, por otro lado, no tienen visos de desviarse hacia caminos más venturosos. Los ríos van todos al mar, y la mar no se llena. La gente de bien busca desembocar en mares de aguas azules y cristalinas pero sólo se encuentra, al final de su arduo recorrido, con lodazales poblados de vanidad. El viaducto sobre la ría de Noia se llevará a cabo, según palabras del vetusto aunque no pretérito Manuel Fraga, aunque sea con la Guardia Civil vigilando a los vecinos afectados. Por las malas, vamos. En Noia no mandan los noieses: manda uno de Vilalba con la connivencia de elementos locales que son incapaces de imponer su propio criterio. Hay escaleras difíciles de trepar. La ascensión, a veces, se ve facilitada cuando uno vende su alma al diablo. Y, por desgracia, el diablo siempre compra. Y a un precio muy elevado. Tres monos tapándose boca, ojos y oídos. Poncio se lava las manos.