Donde nadie quiere quedarse

Xoán Ramón Alvite Alvite
X. R. Alvite CORRESPONSAL | MAZARICOS

BARBANZA

ALVITE

En directo | Visita a un paraje casi desértico En la aldea mazaricana de Santabaia, donde reside Pedro Rodríguez, de 77 años, sólo hay tres casas ocupadas y un parque eólico. Los vecinos apenas superan la docena

15 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Llueve y la niebla empieza a caer sobre Santabaia, una pequeña aldea de Mazaricos en la que viven apenas una docena de personas y en la que únicamente tres casas quedan todavía habitadas. Quedo con Pedro Rodríguez Gallardo, que me espera a la puerta de su casa apoyado en un paraguas. Tiene 77 años y toda su vida la ha pasado en este lugar, donde dice estar «moi contento e tranquilo». Lo cierto es que no es para menos, pues el paisaje y el silencio que se respira invitan a ello. No en vano, en la entrada del lugar, una de las viviendas ha sido rehabilitada y convertida en un pequeño hotel rústico. En la otra punta se esconde una preciosa iglesia, la parroquial durante muchos años, rodeada de maleza y con el techo a punto de caerse. «Antes de cambiar a igrexa para Pino de Val -comenta Pedro- polo menos a xente viña ata aquí, agora só pasan os dos muíños», dice el mazaricano en referencia al personal del parque eólico instalado en uno de los montes que rodea el lugar. Pedro, que vive con su esposa, señala que aunque Santabaia nunca fue una aldea grande «polo menos tiña máis vida que agora. Os máis novos -se lamenta- teñen as súas vidas fóra e aínda que veñen algunha fin de semana, aquí non vai quedando ninguén. Isto vaise acabar cando morramos os que estamos, porque non creo que a alguén lle dea por vir a vivir aquí». Cuenta que el tiempo lo pasa cuidando el ganado, tiene cuatro vacas, haciendo trabajos más domésticos o desplazándose a Pino de Val o A Picota para «facer as miñas cousas, por medicamentos e eso», señala sin mayores precisiones. Santabaia es, paradójicamente, un lugar al que muchos querrían irse de vacaciones, pero en el que nadie quiere quedarse. Un ejemplo de lo que sucede en otros muchos puntos. El éxodo de la población joven hacia las zonas urbanas y el consiguiente despoblamiento que ello provoca hace que año tras año el número de aldeas abandonadas en Galicia siga creciendo. Sólo en Mazaricos hay 25 núcleos de población con menos de 35 habitantes y otros tantos que apenas superan los 50. En mayo del pasado año, la Xunta de Galicia cifraba en casi 300 los núcleos vacíos y abandonados en la Comunidad, al tiempo que se anunciaba la puesta en marcha de una serie de medidas para su recuperación. Va cayendo la tarde. Seguro que en Santiago o A Coruña el tráfico está imposible por la lluvia. Aquí cae lentamente y hace que el verde se vuelva todavía más intenso. Pedro cierra su paraguas y se va metiendo en casa, pero antes dice: «Se saio no periódico mira que veñas traermo».