En la Quinta Avenida nos topamos con una tienda en cuyo escaparate un discreto cartel advertía: «Se habla español». Y, aunque el cartel no lo advirtiese, nos atreveríamos a consignar que sería posible acceder a un porcentaje elevadísimo de locales públicos de todo tipo en los que podríamos comunicarnos en castellano, al menos con una persona. El reloj biológico resulta insobornable y, las primeras noches, nos despertamos de modo reiterado a partir de la hora en que habitualmente iniciamos la actividad ordinaria. Además de levantarnos a curiosear el incesante movimiento en la calle a cualquier hora de la noche, como consumidores de radio, sintonizamos nuestro receptor, y aunque no somos radioyentes de FM, como no disponíamos de otra banda, ésa es la que exploramos. ¿Qué encontramos? De modo fundamental, radiofórmula. Emisoras de música clásica, de country, de jazz, de pop... y dos en castellano, 93.1 Amor y 105.9. En una ocasión, escuchamos Black is black, versión de Los Bravos, en una emisora inglesa; en otra, nos dormimos al compás de la Pequeña serenata nocturna. Y en lo que se refiere a las de habla hispana, dejamos constancia de sus contenidos de madrugada: tráfico caótico en los puentes de acceso a Manhattan; el gobernador de un Estado próximo tilda de marica a un adversario político; una monjita es robada en Brooklyn; se da por desaparecida oficialmente una joven que se supone muerta; un policía mata a un atracador en un Estado vecino y se enfrenta a problemas; una cadena de establecimientos de alimentación fomenta el consumo de leche; las autoridades locales informan de la implantación de una tarjeta con la que obtener descuentos en productos farmacéuticos cuando se cumplan determinadas condiciones; promoción de la navegación por Internet; horóscopo religioso; Antonio Banderas es nominado para la concesión de varios premios; próxima puesta en marcha de una campaña municipal de inspección higiénica de los carritos proveedores de comida rápida en la ciudad; instauración de terrazas para fumadores...