LA LLAVE
25 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.LA EDUCACIÓN es la clave para acabar con la violencia doméstica, para cambiar actitudes de vida, para lograr una convivencia pacífica a todos los niveles. El mal está en la sociedad, porque la persona, ya se sabe, nace buena, pero el sistema la corrompe y degrada hasta límites de llevarla a romper con la lógica de la relación humana. En ese desequilibrio se acaba por no distinguir ni a padres, ni a hijos, ni a amigos, ni a compañeros, ni a cómplices... todos adquieren el rostro de un enemigo etéreo, que sólo existe en la mente de la ira. La duda que me invade es si, en esta carrera necesaria para erradicar la violencia doméstica, no acabaremos por provocar otra disfunción que sólo coloque a los hombres como los bichos malos de toda relación de pareja, hasta el punto de que la Real Academia acabe por considerar el término maltratador inherente al sexo masculino.