DESDE FUERA | O |
04 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.RECIBIR CARTAS, cartas, cada vez está menos de moda. Recibir cartas nominales, es decir, dirigidas a tu propia persona con nombre y apellidos, tampoco es ya frecuente. Los amigos y familiares que son los que, comúnmente, solían hacerlo, ahora echan mano del teléfono y sanseacabó. Los españoles empezamos a dejar de escribirnos cuando Correos empezó a traernos las cartas con algunos meses de retraso. Desde entonces usamos el teléfono como el que bebe agua fresquita de la fuente de la aldea gallega que, de momento, aún no está contaminada. Se congestionaron las líneas y se puso de manifiesto la endeble estructura de la Telefónica. Después saltó el pavor al teléfono pinchado. Todos tuvimos la sensación de que una conversación telefónica la oían al mismo tiempo más de dos orejas. Luego llegó el fax, que todavía es un medio de comunicación no vulnerable. Para suplir a Correos, la sociedad civil inventó a los mensajeros. Para suplir al teléfono no hemos inventado nada. Por eso lo quieren subir un 100%. Bien es verdad que sólo sube esta cuantía los tres primeros minutos, osea, que las conversaciones entre jovencitos continúan siendo baratas. Cualquier cosa antes que echar una carta al buzón. Qué se lo pregunten al rural gallego.